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Le resultó más fácil de lo previsto al Once Caldas de Manizales conquistar la estrella. Ni falta hicieron Fano, Casanova y Viáfara. Nunca un equipo en esa caldera que resultó el Metropolitano de Barranquilla jugó con tanta serenidad y claridad para hacer valer su condición de grupo ganador.
Porque llegó con el resultado a su favor y sin desespero empezó a adueñarse de la pelota en los primeros minutos. De paso sacudió dos veces a Giovanni Hernández, supuestamente el director de orquesta del Júnior. Las tarjetas amarillas bien exhibidas por el juez Ruiz, de impecable trabajo, a Torres y Carreño, significaron la “desaparición” de Giovanni. Y de ahí en adelante los jugadores de Júnior, después de recibir el primer gol, por un error de cálculo de Berbia, mostraron que sabían de matemáticas, porque ese gol, los ponía contra la pared.
El ingreso de Ciciliano nada aportó a la supuesta sociedad a establecer con Giovanni y casi melancólicamente el Júnior se entrego, a tal punto, que Teófilo Gutiérrez, en el desespero, terminó dándose de patadas con los zagueros del blanco.
El Once Caldas tuvo tres figuras: Landázuri, en dos acciones clave del partido, sobre todo un mano a mano con Teófilo; y los zurdos Henry Rojas y Dayron Pérez. Este último me hizo recordar a Carlos López, aquel volante argentino pequeño, pisador de balón y dispuesto al pase letal y en profundidad. En ellos dos el nuevo campeón tiene una genuina fortuna, pensando en esas trasferencias al exterior.
Además los Nóndier, Torres, Núñez y el resto jugaron a placer, sin angustias ni presiones y hasta Carreño lució.
Caldas ganó con toda claridad y la prueba está en los cinco goles marcados en los dos partidos contra Júnior. La euforia del público se terminó muy temprano porque Júnior salió con un “chorro de babas”, cuando más se esperaba de él. Y es triste el caso, porque recaudó en este apertura más de cinco mil millones de pesos en taquillas, incluyendo un juego a puerta cerrada, en demostración de la respuesta a un equipo que pintaba para más y concluyó entregado, sin orden, sin agresividad ofensiva.
Giovanni, además, demostró que en los juegos cruciales, como cuando va a la selección, se queda, se pierde, desaparece, por algún motivo digno de un consultorio de psicoanalista.