Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
El fútbol colombiano ofreció en la jornada de clásicos una estupenda tanda de goles y algunos de ellos de gran concepción, pero de lo que vi, me quedo con el derby bogotano, porque hubo un equipo dispuesto a proponer juego de conjunto, el que tanto se reclama por la escasez aquí y allá.
Santa Fe tuvo a un jugador que a veces se condiciona en su rendimiento, por una supuesta lesión de rodilla. Téngala o no, Ómar Pérez resultó un eficiente y práctico volante. Su primer golazo rompió el molde del partido y en esos primeros 20 minutos los cardenales fueron muchisímo más que Millos. Hubo una reacción azul con las carreras de León Darío Muñoz y el empate a dos goles sorprendía, puesto que Santa Fe era más como equipo. La lógica finalmente estableció su realidad y el cuadro cardenal, con un efectivo Julio Gutiérrez, sentenció con amplitud un clásico, animado desde la aparición de Hugo Gottardi, en los preliminares, quien avivó el recuerdo de una delantera demoledora, como fue la integrada por él, Oddine y Wálter Perazzo.
Santa Fe logró equilibrar el equipo, dando paso a un volante de marca, Flotta, quien no se complica ni inventa. Marca, quita y entrega. Anchico sube y baja con dinámica; Quintero maneja el reposo y la pausa, y Pérez está aprovechando la lectura del juego y sea que remate o entregue a un delantero, es fundamental en este esquema, donde los de la casa, los Mario González y Gómez, aportan sus ganas y entran a sellar victorias. Me gustó el Santa Fe por la idea de juego colectivo y por la forma como superó a un Millos sin orden y con jugadores, como Ciciliano y Vásquez, sin peso ni creación.
Vi el abrazo sincero de Umaña con el Pipa, cuando salió para los últimos minutos del clásico vallecaucano. En ese gesto, el técnico rojo no solamente felicitaba a su jugador, sino que interiormente se daba el gusto de haber acertado en su inclusión. Y en ese mismo partido, las barreras de edad fueron ampliamente superadas, cuando los jóvenes todos se fueron encima del viejo De Ávila para festejar su primer gol. Ya lo había dicho Agustín Julio, el día que Pipa le amargó con un gol en el cierre del partido: “Es ejemplo para los jóvenes”. No sé cuánto más jugará el samario, pero ya se dio el gusto de regresar, superar la incredulidad y hacer goles. Como lo anotó un hincha americano, Pipa le haría goles al Cali hasta en una silla de ruedas. Es exagerado, por supuesto, aunque el mensaje es cierto.
Me gustó la entrega del Pereira en las dos últimas salidas. Tiene ganas, hambre, corre y pelea con fortaleza anímica su permanencia en la Primera A.