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Como ocurre en las temporadas taurinas, hay que asistir a todas las corridas, para no perderse la buena. Cosa parecida se vive en el fútbol profesional.
De tanto ver juegos discretos, sin chispa, sin goles, esta vez vi reconfortantes partidos. Dos concretamente, el triunfo de Millonarios sobre la débil formación del Pasto, que quizás sea fuerte en casa, pero esta vez, los azules fueron contundentes.
Esencialmente porque Jonathan Estrada, Milton Rodríguez y el debutante Helinho se juntaron a gran velocidad, hicieron la pared, definitivamente el arma contundente más conocida para desbaratar esquemas defensivos, y en un abrir y cerrar de ojos, consiguieron los cuatro goles, los puntos y devolvieron el alma al cuerpo de sus hinchas.
Es más, Óscar Córdoba mostró progreso en el manejo de ese tipo de balón que les cuesta a todos los arqueros. Víctima de ese invento fue el uruguayo Berbia, en Pereira, cuando dio rebote para el primer gol matecaña. Volviendo al asunto de Córdoba, caso omiso de los cánticos en su contra supo hacer y sin necesidad de realizarlo, exhibió la categoría reconocida gracias a su amplia trayectoria.
Pero el juego de Millos me alegró, porque nada mejor que observar un juego dinámico, alegre y con ganas. Ojalá lo exhibido por Helinho no resulte flor de un día. Claro que con la edad que tiene no hay derecho a que le suban los humos ni cosa parecida.
El otro partido fue el intenso duelo de Pereira y América. Carlos Darwin Quintero juega en el más estricto sentido de la palabra. Goza de plena libertad para moverse en cualquier sector de la delantera, mientras sus compañeros tienen oficio para hacer una buena campaña, comenzando por Brahman Sinisterra, Arias, Parodi y El Flaco Medina y la figura de René Higuita. América, como es costumbre, juega de forma acelerada, sin dar respiro al rival y así haya perdido, nadie puede dudar sobre su entrega y capacidad de lucha.
En cuanto a los goles, que fueron muchos afortunadamente, el de Álvarez de Medellín; el de Estrada, de Millos, y uno de Envigado con taco previo resultaron los más vistosos. Nada como ver partidos, los dos citados, con ganas, equivocaciones, ritmo, goles y necesidad de aplausos. Lo que vi, me resulto gratificante.