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Si nos atenemos a la protesta de los equipos y sus futbolistas por jugar en horarios diurnos, pues que continúen con el rechazo, porque marcar 43 goles en 10 partidos, entre sábado y domingo, encaja dentro de la esencia del fútbol. Goles y goles.
Es probable que se encuentren razones o justificaciones para la debacle de los sistemas defensivos. Paralelamente es justo averiguar por qué se activaron volantes y delanteros en búsqueda del arco contrario. Y no sólo búsqueda, sino contundencia.
¿Sería la luz solar? También es cierto qué partidos, por citar dos: Equidad-Rionegro o Jaguares-Huila, no llevan público ni de día ni de noche. El contraste está en un Júnior-Nacional o, cuando son locales, Santa Fe, Millos, Medellín, sin importar el rival de turno.
Quiero destacar el 3-3 de Júnior y Nacional, en donde se vieron acciones de alta ejecutoria, comenzando por el golazo de tiro libre de Jarlan Barrera. Y el segundo tiempo de Santa Fe en Palmaseca. Perdía al concluir el primer tiempo por dos goles a cero. Ingresaron tres jugadores: Ibargüen, Gordillo y Mosquera, y en un abrir y cerrar de ojos, no solamente empataron, sino que pasaron a ganar por cuatro a dos. Al cierre, Sambueza fijó el cuatro a tres. Pero el entusiasmo del equipo cardenal es digno de aplauso y mucho más el trabajo del venezolano Seijas, quien sabiendo ya de su futuro en Brasil, jugó con entrega, arriesgando físico, cuando muchos colegas de él, en idénticas circunstancias, comienzan a protegerse, evitando roces, para no ir a perder la transferencia.
El Cali, desvencijado, desbaratado en la línea defensiva. Bolívar, Racing, Santa Fe, le aplicaron dosis de cuatro o más goles. Y sus goleadores estelares, Preciado y Santos Borre, sin jugar insinúan mal futuro para este grupo. Ni atrás ni adelante.
Ahora sí que llueva, porque la luz del día despertó la conciencia del gol.