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Mandamás

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Por primera vez en mucho tiempo en nuestro fútbol, el matrimonio Federación y Dimayor está consolidado, estable, monolítico. Es más, lo que tantas veces se pidió por parte de FIFA, que fuera una sola entidad, puede darse con toda facilidad.

Ramón Jesurún es el mandamás del momento y la palabra se interpreta también como una persona con mando exagerado. Jesurún, como buen discípulo de Fuad Char, trabajó con él y estuvo bajo su supervisión; es negociante, empresario, suena más educado y ante todo es de esas personas que nacieron para hacer plata. Y tiene todo derecho, pero sin olvidar que los beneficios deben ir al fútbol mismo.

Lo digo porque la Dimayor navega en mares de plata, gracias a los pagos por derechos de televisión y, en escala menor, por las multas a sus afiliados, llámense equipos o jugadores. Con esos ingresos y otros del sector publicitario, la Dimayor se volvió un banco de los mismos equipos, que no les presta el dinero, pero bajo la figura de los anticipos los saca de problemas, como atraso en quincenas, etc.

Los beneficiados mantienen en su momento una deuda de gratitud con Dimayor y Jesurún, y es apenas lógico suponer que, en agradecimiento a esos detalles, voten en asambleas por los nombres o planes que diseña el mismo Ramón. Por eso en estos días, y desde Chile, se supo que Jorge Perdomo tiene la bendición y los votos comprometidos para ser el nuevo presidente de Dimayor. Tiene derecho y seguramente atributos. Lo cierto, y no es ningún descubrimiento, es que Perdomo será el hombre de confianza de Ramón y éste controlará la Dimayor y la Federación. Por eso hablo del mandamás. ¿Eso será bueno para el fútbol colombiano? Es importante recordar que en un problema del Huila, siendo presidente Perdomo, en una especie de asamblea virtual, Jesurún permitió la inscripción de dos jugadores procedentes de Nacional, sin estar autorizados por estatutos.

Ya también se sabe que cuando venza el contrato entre Caracol y la Federación, a finales de 2018, se abrirá licitación. Allí pujarán RCN y Caracol, y el que más billete dé ganará. Y Ramón se frotará las manos y se atornillará al puesto. Pero qué bueno sería, en medio de esa catarata de dólares, profesionalizar a los árbitros, facilitar el desplazamiento aéreo a los equipos de la B, enviar al exterior a capacitar técnicos. Ramón no puede estar pensando sólo en el signo pesos, sino en invertir en el negocio.

¿Y Luis Bedoya? Abandonado a su suerte. Si él recibió lo que dicen en el sur, que explique dónde lo depositó a nombre de la Federación y sanseacabó. Y nada, se perdió o desvió.

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