Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Por poco la victoria de la selección de Colombia estaba tomando camino de ser un parto.
Por momentos hubo trabajo de parto, cuando estábamos con el uno a cero. No tanto porque los helenos fueron claros y agresivos en juego ofensivo, sino por la tendencia que hace tanto mal al fútbol nuestro: echarse a esperar, dejarle terreno, el balón y la iniciativa al rival. Por supuesto que es allí donde se arriesga un triunfo.
Menos mal Víctor Ibarbo sostuvo la posibilidad de armar una jugada ofensiva y en eso el técnico José Pékerman acertó.
En un momento llamó a Ibarbo y se entendió lo que quería el estratega: que fuera al medio a buscar a Camilo Zúñiga o a Juan Guillermo Cuadrado para intentar organizar jugadas claras y a ras de piso, el estilo que más se aviene a nuestros jugadores, y así resultó el tercer gol.
La presencia de Ibarbo y del mismo Arias demostraron que los jugadores claves y que disponen de fundamento son capaces de sacar a relucir sus atributos, como pasó con Arias y Alexánder Mejía. Ingresaron sin nervios, sin susto, y eso vale para ir fortificando el espíritu de cara al choque con Costa de Marfil este jueves.
Me pareció que Cuadrado, jugador fundamental por el atrevimiento que tiene para encarar y jugar, recibió un golpe y sintió el castigo. Más de una vez le preguntaron desde el banco si se sentía en condiciones de continuar y se limitó a contestar positivamente. No puedo dejar de mencionar y aplaudir la gestión de Teófilo Gutiérrez. No sé si aprendió más en River Plate o siempre fue así. Se desmarca, elude el choque, siempre está listo a ofrecer una salida a un compañero y toca, y ya no protesta, porque mejoró su condición espiritual.
Finalmente se podrán hacer análisis y cuestionar todos los pasajes del partido, pero lo que vale son los tres puntos, los tres goles y la pasión con que se vive el triunfo, porque los que juegan gozan cuando ganan y los colombianos disfrutamos con esta alegría. Hay equipo, tiene memoria y temple para pelear la posibilidad de avanzar. Disfrutemos, nada más…
HERNÁN PELÁEZ