Por Quintero

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Dos jugadores colombianos resultaron de enorme influencia en esta final de Copa Libertadores o conquistadores, por ser más exactos, habida cuenta de haberse jugado en Madrid.

Boca, con un poco más de orden, fue superior en el primer tiempo y lo terminó ganando por gol de Benedetto. Para el segundo tiempo, River Plate decidió convocar a Juan Fernando Quintero, para organizar mejor el medio campo y darle a su delantero solitario, Pratto, más trascendencia. No fue mayor el despliegue de Quintero, pero permitió a otro volante, Nacho Fernández, subir unos metros y acompañar a Pratto, dando resultado casi inmediato, porque llegó el empate.

Sin embargo, el día soñado por Quintero estaba por llegar en la complementaria. Había intentado a puerta de Andrada dos remates sin ubicación. Pero en una maniobra muy propia de él, jugando por derecha, siendo zurdo, metió la pelota en lo alto del ángulo izquierdo y puso a River en la puerta del título. Que después refrendó en un contragolpe Martínez, con Boca “fundido”, y fijó el tres a uno, que le otorgó el cuarto título en la competencia y, de paso, los US$6 millones como premio al campeón.

La otra cara, la triste, la brindó Wílmar Barrios. Un jugador fundamental en la zona de recuperación de Boca, más cuando Pablo Pérez arrastró lesión y piernas, y su reemplazante, Gago, se marchó por iniciativa propia ante una lesión. Barrios tenía tarjeta amarilla y cuando apenas comenzaba el alargue de los 30 minutos, volvió a ver otra amarilla y ahí se desbarató Boca, que con solo entusiasmo y entrega nunca llevó sombras a la victoria de River.

En su caso, el de Barrios, muchos jugadores cuando ven la amarilla se autocontrolan y miden más sus intervenciones. No le pasó eso al cartagenero. Ahora bien, para los observadores españoles, resultó una imagen precisa de cómo se juega en Suramérica, jugadores que hablan todo el partido, se despreocupan muchas veces de la pelota y van con todo sobre los rivales. Pérdida de tiempo, comenzando por ambos arqueros. Y una protestadera hacia el juez permanentemente.

Si hay pasión, entrega, lucha y a ratos pinceladas de buen trato a la pelota, como la exhibió Quintero, pero muchas dudas y preguntas sobre la condición físico-atlética de varios jugadores, calambres, problemas musculares. Algo debió pasar, y ni hablar de nervios, excusa recurrente en estas situaciones, los nervios se van cuando comienza el partido y a jugar se dice. Quintero hoy en las nubes y Barrios mastica la impotencia de no haber respondido a las necesidades de Boca.

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