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Sanciones

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En un escrito publicado hace años, llamado Fútbol todotiempo, don Carlos Peucelle, un orientador y conocedor del fútbol como jugador y experto en divisiones menores, que pasó por Costa Rica, Paraguay, México y el Cali en la época de El Dorado, dijo: “El fútbol no es fundamental ni dramático para la vida, lo hace dramático quien lo ve desde afuera.

Es el público el que ha hecho del fútbol un drama. Es el que lo ve, no el que lo practica, el de afuera, hace el drama en el que está adentro. Claro, después la cadena de dramas se extiende a los demás, a todos”.

Esto sirve para averiguar cuánta culpa tiene un equipo, en este caso Nacional, por el mal comportamiento de unos hinchas enfermizos que lo acompañan en sus juegos de visitante. Siempre hay una primera vez en este rubro de sanciones, porque antes de lo ocurrido en Armenia, otros equipos con sus hinchas habían protagonizado desórdenes y actos de vandalismo en nuestros estadios, pero llegó el momento de poner coto y rebuscando un articulo de un código urgido de ser revisado. Nacional es castigado porque alguien debía ser el primero.

Particularmente creo que había otra opción menos dolorosa, económicamente hablando, aunque fuerte, como era la pérdida de puntos. Perdería tres como máximo y contaría con su plaza habilitada para los juegos siguientes.

Por supuesto que esta determinación sienta precedente peligroso para el fútbol mismo, ¿quién asegura que en el futuro un grupo de hinchas no vaya a un estadio a provocar desórdenes con la mala intención de perjudicar a un equipo? También es necesario que los equipos empiecen una labor policial, que no les corresponde, para vigilar y controlar el ingreso de seguidores. La policía vial no puede en carreteras ejercer el control como debiera ser, las requisas en las puertas del estadios debe ser moderna, con detectores de metales, lo cual cuesta, así haya necesidad de meterse la mano al dril.

Alejar de un tajo a los hinchas de los estadios no es recomendable, es necesaria otra terapia, más educativa y seria. Nadie ignora que el actual código penal para menores, los mayores causantes de los desórdenes, vistas las imágenes, no es el mejor. Mientras se revisa y se promulgan leyes, los equipos tendrán la necesidad de trabajar más en control de orden público que en el juego mismo.

Razón tenía Peucelle, el fútbol se dramatizó tanto, donde lo único que sirve es ganar y ganar, que dejó de ser una distracción, como es el cine, para convertirse en un resorte activo de la misma sociedad.

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