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Sin definir

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No es ningún descubrimiento ni se requiere ser adivino para entender que sin definición precisa los goles no llegan, y ese parece ser un mal endémico en nuestra selección.

Cuando se visten de amarillo, los goleadores del equipo, como Jackson Martínez, Teo Gutiérrez y el mismo Falcao, parecen congelados en su función.

Caso contrario, por ejemplo, el del uruguayo Luis Suárez, un jugador con gol en cualquier sector de la delantera. Tenga como compañero a Cavani o a Forlán, Suárez empuja, protesta, pelea, cabecea, patea con izquierda o derecha y consigue los goles que hoy sin duda certifican a Uruguay como la mejor selección sudamericana.

A nosotros, en cambio, la pelota se nos embolata, los delanteros le pegan con el tobillo, no aciertan en aprovechar los rebotes del arquero rival. En medio de esta desazón queda algo positivo. Se crean opciones, y muchas, como ocurrió ante Venezuela. Convertir una sola de las diez llegadas es realmente pobre como calificación para los delanteros. Tanto así que fue un volante, Freddy Guarín, el autor del gol que parecía abrir el camino para ganar.

Curiosamente, la lluvia, la humedad, pesaron para ambas selecciones y me parece que más para Colombia. De allí el cansancio que se notaba en el grupo. Además los cambios resultaron una lotería. Si cambian la cara del equipo y de paso consiguen gol, es aplauso cerrado para el técnico. Pero Leonel Álvarez, y sus razones tendría, envió a Dayro Moreno al campo cuando ya no tenía tiempo para el milagro.

El problema de Colombia no es cometer esos errores atrás, sino hacerles entender a los señores goleadores que deben convertir las oportunidades creadas.

Nada ganamos si en Jaguares, Racing y Atlético de Madrid los nuestros son saludados cada lunes por sus goles, cuando con sólo llegar a la selección la pólvora se les moja.

Mañana, ante Argentina, tendremos la imperiosa necesidad de cuadrar caja. Porque con siete puntos iríamos a un receso donde con la necesidad de repensar el funcionamiento de la selección, que por lo pronto descubrió en James Rodríguez al jugador capaz de mover la maquinaria hacia el objetivo requerido.

Caso curioso el de Dorlan Pabón. En Nacional marca diferencia, pero en la selección no es el mismo.

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