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Poco interesa saber si la Federación Colombiana de Fútbol dio su voto a Blatter en ese circo montado, costoso y lujoso del congreso 65 de la FIFA.
Ese voto ni quita ni pone ni afecta la división interna de la Conmebol, precisamente por el asunto en las urnas. Porque, como en cuestiones de amor, las deslealtades tienen presencia, aunque también se unen, cuando se vislumbran beneficios en común. Estuvo bien el almibarado comunicado de la Federación, en el cual señala su afán por colaborar con las investigaciones. En el pasado, siempre que se quiso indagar por valores de ingresos y egresos, la Federación esbozó el argumento de ser una entidad privada y no vigilada por la opinión pública o el público. Y si se insistía en la averiguación había una amenaza, advirtiendo que nadie, ni gobierno alguno, podía entrometerse, so pena de descalificación y suspensión del papá FIFA. Hoy el asunto cambió. El sofisma de un supuesto “blindaje” desapareció desde la aparición de la fiscal Loretta. El Estado tiene derecho a saber qué hacen entidades que llevan el nombre de Colombia internacionalmente. La Federación lo es y todos sabemos de la existencia de bancos suizos en los cuales la FIFA procede a consignar sus ayudas, pagos, etc. Alguna vez León Londoño envió a Efraín Pachón a Zúrich a verificar el estado de cuentas en aquel banco. Por eso, a sabiendas de ello, Luis Bedoya está en la obligación moral y ética de contar cómo se manejaron los ingresos en su gestión, con once patrocinadores que confían en él a ciegas, y cómo se organizan los innumerables gastos. Es cuestión de mostrar un balance de lo de aquí y de lo de afuera. Aunque la Federación ha dicho haber consignado el último auxilio entregado por la Conmebol, y no por ello deja de ser cierto el origen mafioso y procedente de un soborno para garantizar la entrega de derechos de Copa América a Datisa. Y es bueno saber cómo es el misterioso convenio con Full Play y cuánto pagaron por los últimos partidos de la selección de Colombia en lejanas tierras contra equipos más exóticos todavía. Trasparencia debe haber hacia la opinión pública. Y como quien nada debe, nada teme, esperamos su lenguaje claro y preciso, don Luis.