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Valores

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Para no ir a caer en el facilismo del nivel flojo, de la proliferación de volantes de primera línea, de la escasez de poder ofensivo, el único ejercicio válido para un observador del fútbol colombiano mas no el del hincha pendiente sólo de un resultado, es necesario buscar, así sea con pinzas, detalles o jugadores buenos que aporten al juego y merezcan aplauso.

En esta fecha fueron varios los ejemplos. El arquero Buenaños, del Cúcuta, poseedor de espectaculares reflejos como alguna vez los exhibió Mina Camacho, evitó una derrota abultada ante Santa Fe. Sólo debe corregir esa tendencia de regañar a sus defensas constantemente, lo que sirve quizás para disimular los errores mínimos que comete, pero va creando desconfianza en sus compañeros, que terminarán por ignorarlo o encararlo de pronto. Su misión es tapar, la de los defensas es otra. Sólo el técnico será el encargado de poner las cosas en su sitio y así evitar un desgaste innecesario en el grupo.

Edwin Cardona jugó su mejor partido, no solamente repartiendo juego, sino rematando al arco, y así consiguió gol. Si el propósito de Nacional era buscarle continuidad, la va a conseguir, porque condiciones técnicas le sobran y por momentos se adueñó del papel de organizador. De a poco va logrando ritmo, adquiriendo confianza y su estilo es de buen jugador, de buen pie. Creo que el camino elegido por él es el acertado.

La historia de Dayro Moreno es curiosa. No tiene espíritu profesional ni de sacrificio, pues hasta hoy ni en Rumania, Brasil o México justificó su calidad de delantero veloz, punzante, definidor. Sólo en Once Caldas se siente a gusto y de allí la correspondencia de su afición. La estupenda entrada en Manizales para verlo frente a Itagüí en gran parte se debe a él. El entorno familiar o las amistades, el ambiente o lo que sea, lo recuperan como jugador de ese equipo y de la plaza. Confío no le vaya a dar “mamitis” si le toca con la selección ir quince días afuera de Manizales. De los casos más curiosos; sólo se siente jugador en el Palogrande.

También en la jornada varios jugadores volvieron con su calidad: el poder cabeceador de Milton Rodríguez, ya requeteconfirmado; la seguridad en el manejo de balón de Sebastián Hernández, y la capacidad de Jhonatan Álvarez, después de haber mostrado chispazos en América, Cali y Nacional. En el Huila pareciera haber encontrado la tranquilidad para jugar.

Caracho Domínguez, en el poco tiempo que jugó en Cartagena, refrescó la idea que siempre se tuvo de él, jugador con pausa y aceleración para ir al ataque. Claro que los partidos se pierden en un minuto y así el Cali ha dejado escapar los puntos, por no saber aquello de cerrar los partidos.

Por eso digo que escarbando se encuentra. Ya sabemos que los grandes juegos aún están por verse o en veremos. De ahí la necesidad de echar ojo a quienes rompen el molde tradicional de defender a ultranza y es bueno ir erradicando del discurso de los técnicos aquella justificación de que “es difícil porque se metieron atrás”. Sólo con maniobras ingeniosas de jugadores fuera del común —no son muchos— se consigue romper el cerco.

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