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Los años 70 fueron la década de la ansiedad y la decepción para los fanáticos de los Beatles.
¿Sería posible ver de nuevo a los Fab Four tocando juntos en un escenario? La muerte liquidó cualquier ilusión cuando John Lennon fue asesinado en diciembre de 1980. Años más tarde, su hijo Julian se convirtió en un espejismo del padre y los fanáticos soñaron con la transmisión del genio para un posible reemplazo. A finales de 2001 la muerte atacó de nuevo: el cáncer liquidaba a George Harrison y el fervor adolescente se atenuó lentamente con el convencimiento que anunciaba su primer disco solista, All things must pass. La esperanza de la canción compuesta por Harrison, su descripción de los grises que tarde o temprano despejan su velo para que el paisaje se ilumine, en el transcurso de los años invirtió sus términos, tanto para el mismo Harrison como para los Beatles, y la suerte del grupo pasó del resplandor a la quietud de la noche. Lo único que haría posible evocar los tiempos dorados, aparte de la música, era la fantasía, su imaginación o la melancolía de la nostalgia. También el cine como una vitrina donde se anima el museo del tiempo y se honra su memoria.
John, Paul, George y Ringo, filmados por Richard Lester en A hard day’s night (1964) y Help! (1965), son ahora fantasmas explícitos de su propia historia por evocaciones directas -en el documental de John Scheinfeld y David Leaf, The U. S. vs. John Lennon (2006), sobre las amenazas para deportar de los Estados Unidos a Lennon debido a sus declaraciones en contra de la guerra de Vietnam- o indirectas -según Julie Taymor y su recorrido entre Liverpool y Nueva York, con Janis Joplin, Jimy Hendrix y el amor, recuerden: All you need is love-, como trazos de una figura geométrica que evoca a través de la música y de su plenitud a los Beatles y a su legado sin límites en Across the Universe (2007).
Un romance musical, cultural y al ritmo de los tiempos que entonces cambiaban la perspectiva ante el mundo, la historia de Jude (Jim Sturges) y Lucy -In the screen with diamonds (Evan Rachel Wood)-, Across the Universe es un homenaje a los Beatles donde se equilibran las emociones, la manipulación visual que nos acerca a los ojos caleidoscópicos de Lucy y la evolución de un tiempo en el que se fusionaron la política, el rock’n’roll y la necesidad de actuar para que desastres como el de Vietnam dejaran de traicionar a una generación.
Documental musical y melodrama de ficción, Across the Universe, para los primeros idólatras, es un viaje en el tiempo hacia sus propios recuerdos, mientras que para los recién llegados puede ser una recreación narrada con el vigor de lo que existió, renovado por las virtudes que animan al cine y a sus imágenes.
Sabemos que nadie habla, canta o baila como se habla, se canta o se baila en un musical. De los géneros cinematográficos es el que más se aproxima a la ópera: un artificio donde importan más la fantasía y su virtuosismo que la lógica del drama. Julie Taymor aprovecha la licencia para propiciar el amor de Jude y Lucy, su romanticismo sin otra barrera que la frontera geográfica, regalando parodias visuales para ayudar al placer de quien descubre sus guiños cuando, por ejemplo, se imita el concierto de los Beatles en la terraza del edificio de Apple, documentado en Let it be (Lindsay-Hogg, 1970).
El recuento cinematográfico que Taymor hiciera en Frida (2002), presentando los hechos sin intervenir en ellos, continúa en Across the Universe, donde las escenas íntimas de los años 60 y 70, acerca de lo que pudo vivir una pareja en medio del tumulto, se hacen públicas y permiten que al final de la película un espectador se retire del teatro tarareando, de nuevo y como siempre, If I fell, Till there was you, Things we said today. Una recompensa más que suficiente para una historia que quiere ser eficaz en la evocación del pasado y en su forma de reinventarlo en el presente.
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