Publicidad

El vino según Zuccardi

Hugo Sabogal
16 de julio de 2016 – 09:00 p. m.

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

Son casi veinte años los que me separan del primer encuentro con José Alberto Zuccardi, director y propietario de la bodega mendocina que lleva su apellido, y que fue fundada, en 1963, por Alberto, su padre, un reconocido ingeniero de riego de origen italiano, ya fallecido.

Fue un domingo hacia las cuatro de la tarde cuando mi primer guía, el arquitecto de bodegas Mario Yanzón, me llevó a conocerle porque, según sus palabras, era la “fuerza motora” del entonces joven proyecto de exportación de los vinos argentinos.

Zuccardi estaba solo en la sala de degustación de su bodega, en Maipú, al este de Mendoza, sin ninguna compañía. Caminaba de un lado a otro, preparando los primeros embarques de su etiqueta “Q”, su máximo ícono en ese momento. Después vendría “Z”.

Recuerdo sus palabras, justo a la hora de caer el sol detrás de la cordillera: “Completamos diez años de transformación y ahora sí estamos en condiciones de mostrarle al mundo nuestra capacidad y habilidad de elaborar vinos trascendentes”. Hasta entonces, debido a la alta demanda generada por el mercado interno, los vinos argentinos no resistían mucho análisis.

Eran los años en que los consumidores locales bebían más 90 litros por habitante al año, por lo que no había tiempo de entregarles calidad. La cantidad era lo único que les importaba.

Para Zuccardi, modernizar el sector y mejorar los procesos de elaboración eran condiciones esenciales para asegurar el futuro. Además, exportar calidad era la única tabla de salvación para sobreponerse a los constantes vaivenes económicos y políticos del país.

Pero más allá de inversiones y metas de producción, Zuccardi concibió un proyecto que pone por delante la responsabilidad social y el respeto por el medio ambiente o, como él mismo lo define, un plan con “claridad de objetivos e identidad de valores”.

Su trabajo de investigación y desarrollo, al lado de Sebastián, su hijo mayor, le ha permitido impulsar nuevas variedades y estilos e incorporar reveladoras zonas de producción, como la parte alta de Mendoza.

Traigo todo esto a colación porque la semana pasada, aquí en Londres, los organizadores del International Wine Challenge (IWC), uno de los principales concursos internacionales del sector, le otorgó a José Alberto Zuccardi el Premio “A toda una vida”, galardón que por primera vez se entrega a un argentino.

Al citar las razones, el jurado mencionó, entre otros motivos, su condición de líder mundial del vino, porque ha marcado un “antes y un después” en la vitivinicultura argentina.

No conformes con figurar entre los cinco principales exportadores de Argentina, los Zuccardi han emprendido un costoso proyecto en la región de Altamira, en el Valle de Uco, donde los vinos absorben del subsuelo su arrolladora personalidad. Allí, todas las vasijas son de hormigón y cemento, componentes hechos con lo que da la tierra, para que reflejen, más que el tipo de uva, una inconfundible sensación de lugar.

Para el escritor y crítico inglés Tim Atkin, presidente de IWC, el apasionado liderazgo de José Alberto Zuccardi “ha dado como resultado la completa transformación de una bodega familiar”, que defiende a toda costa el potencial del vino argentino. “Su país tiene una deuda de gratitud con este gran hombre”.

No se equivocaba Mario Yanzón cuando me insistió esa tarde que no podía terminar mi primera gira por el país austral “sin conocer a este tipo”. Siempre le estaré agradecido, porque fue el propio Zuccardi quien me abrió las puertas del vino argentino para que lo conociera a cabalidad como la conozco hoy.

Conoce más

Temas recomendados:

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido