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Encuentro con Jean Leon

Hugo Sabogal
15 de agosto de 2008 – 11:59 p. m.

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Las múltiples travesías del español Ceferino Carrión van desde haber sido un polizón para llegar a Estados Unidos hasta haber establecido una importante bodega de vinos en Cataluña.

Hace un par semanas compartí una charla de vinos con Eduardo Hoyos, de la casa importadora La Cava, durante una cata organizada por el Club del Vino La Brasserie.

Entre los ejemplares a degustar había dos de la región del Penedès, en Cataluña, poco conocida fuera de península, pero indiscutiblemente fascinante y atractiva. Pertenecían a la marca Jean Leon (Merlot 2003 y Cabernet Sauvignon 2001) bodega boutique vinculada a la tradicional casa de Miguel Torres. Debo admitir que me impresionaron.

Mi siguiente observación fue que, a pesar de tratarse de dos vinos elaborados con variedades finas de origen francés (y no españolas, como podría esperarse), ambos mostraban un profundo respeto por las características propias de cada variedad de uva, sin ocultar, eso sí, una cierta evocación mediterránea.

Y entonces me acordé de la emocionante pieza musical de Joan Manuel Serrat, quien habla del temperamento propio de quienes habitan esta cuenca cultural e histórica del mundo. En especial, recordé esas estrofas que dicen “A fuerza de desventuras, / tu alma es profunda y oscura. / A tus atardeceres rojos / se acostumbraron mis ojos / como el recodo al camino…/ Soy cantor, soy embustero, / me gusta el juego y el vino, Tengo alma de marinero…” Y, claro, no pude evitar emocionarme.

Pero mayor fue mi sorpresa cuando Eduardo anunció que nos iba a mostrar un corto video sobre la vida, las desventuras, las pasiones y los milagros de Jean Leon, el creador de la marca. En realidad, su nombre no era Jean Leon, sino Ceferino Carrión, nacido en 1928, en la provincia de Santander, al norte de España, una región fresca, húmeda y lluviosa, muy distinta a las tibias y seductoras orillas del Mediterráneo.

Sus inicios fueron duros. A la edad de 13 años su casa familiar se desplomó, devorada por un incendio. Su familia se mudó a Barcelona, donde la familia buscó suerte en las actividades marítimas. Una tarde, su padre y hermano salieron a navegar. Pero nunca regresaron, porque su embarcación fue hundida por equivocación, causándoles la muerte instantánea.

Desilusionado, y con sólo 19 años de edad, Carrión emigró como polizón a NuevaYork, donde trabajó en un club del Centro Rockefeller. Preocupado por la amenaza de deportación, salió rumbo a California y decidió instalarse en Hollywood. Allí se alistó en las filas del Ejército en tiempos del conflicto con Corea, y, al cabo de los dos años regresó con vida, obteniendo, de inmediato, la nacionalidad estadounidense. Entonces adoptó el nombre de Jean Leon.

Inicialmente se empleó como camarero en el célebre y lujoso restaurante Villa Capri, del cual eran socios el cantante Frank Sinatra y el jugador de béisbol Joe di Maggio. Entre los clientes desfilaban figuras como Grace Kelly, Judy Garland y Debbie Reynolds. Y entre los galanes sobresalía James Dean, de quien se hizo amigo íntimo y cercano. Con él decidió montar un lujoso restaurante, al que esperaban llamar La Scala, situado en Beverly Hills. Pero antes de la inauguración, Dean falleció en un aparatoso accidente. Quizás el espíritu del socio lo acompañó, permitiéndole triunfar, tanto en lo económico como en lo profesional. La farándula frecuentaba el local, así como también una larga lista de políticos, entre ellos presidentes de Estados Unidos, como Richard Nixon y John F. Kennedy.

De pronto Jean Leon comenzó a extrañar a España y decidió establecer una bodega en Cataluña. Después de recorrer toda la zona se declaró deslumbrado con la zona del Penedès. Perfeccionista y puntilloso, Jean Leon contrató los servicios del enólogo Jaume Rovira, quien le ayudó a plantar cepas finas francesas como Cabernet Sauvignon, Merlot y Chardonnay, en una zona dominada por Tempranillo, Garnacha Tinta, Cariñena, Monastrell y Samsó. Pero Jean Leon quería ser diferente. Obtuvo las cepas directamente de reconocidas casas francesas como Château Lafitte-Rothschild, La Lagune y Corton Charlemagne.

Satisfecho con sus proyectos, compró una embarcación a la que bautizó La Scala a Mare. Fue en ella donde comenzó a viajar en solitario, luego de enterarse de la enfermedad que finalmente se lo llevó de este mundo. En sus últimas travesías por el Mediterráneo, Jean Leon sólo quiso alejarse gradualmente de la vida, marchándose como aquel marinero de Serrat, a quien también le gustó el juego de la vida y el vino.

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