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El título oficial de Morales es el de Maestro Ronero, oficio que no se enseña en ninguna universidad (aunque Morales es ingeniero químico de profesión).
Los secretos de la cuidadosa elaboración le han llegado por vía de sus colegas más experimentados, quienes a su vez recibieron las enseñanzas de sus antecesores y así sucesivamente.
De un total de 22 años que lleva trabajando en destilerías —la última de ellas en Havana Club, catalogada como la joya de su clase en Cuba—, Morales ejerce como maestro desde hace 17 años, gracias al apoyo y guía de su jefe inmediato, el también maestro José Navarro, quien asegura que este don se transmite “de maestro a maestro, de ronero a ronero, de corazón a corazón, de cubano a cubano”.
Al referirse a Morales, Navarro confiesa que ahora puede quedarse tranquilo porque el futuro del ron cubano va a quedar “en manos más seguras y mejor preparadas”.
Navarro creyó en Morales porque le notó todas las aptitudes necesarias para vivir el sacerdocio. “[Un maestro ronero] debe estar dispuesto a entregarle su vida, lo mismo que su capacidad de amar y de crear, al ron cubano”, dice. No de otra forma puede desarrollarse la habilidad sensorial de entender la materia prima, de convertir un lote de melaza en aguardiente y de dominar cada una de las múltiples etapas de elaboración, hasta el embotellado final.
Para ninguno de los siete maestros roneros cubanos el ron nace de una combinación mágica. Es el producto de mezclas sucesivas de distintas partidas (que el responsable debe conocer como sus manos) y de añejamientos complejos y sucesivos hasta llegar a la esencia. Es una meta que no se alcanza sin una alta dosis de paciencia, entrega y fe ciega.
El preciado título que ostentan Morales y los otros seis mezcladores se divide en cuatro categorías: Cantera, Aspirante, Maestro y Primer Maestro. Este último título, en la actualidad, sólo lo ejercen Navarro (el promotor de Morales) y Juan Carlos González. A pesar de la importancia de la posición, el título sólo puede transferirse a personas que encaren su trabajo con sencillez y humildad. “Este es un trabajo colectivo porque un nuevo producto siempre es obra de muchos. Yo, por ejemplo, trabajo con las mezclas que hicieron otras generaciones y que yo he heredado. Dentro de muchos años, otras generaciones harán lo mismo con las mezclas y las bases que yo estoy depositando hoy”.
Junto a Navarro y a los otros cinco cofrades, Morales ha participado activamente en la confección del Havana Club Selección de Maestros, un ron en el que cada uno de los siete investidos ha propuesto una mezcla antológica para alcanzar el summum.
Sin embargo, la obra maestra de los siete cofrades —que, como se ha dicho, trabajan para distintas destilerías— es el ron Máximo, también envasado por Havana Club, que elaboran con partidas de más de 100 años de añejamiento. No hay en el mundo un producto igual.
Si en Selección de Maestros se conjuga el trabajo de los siete cofrades vivos, en Máximo la tarea consiste en seleccionar los mejores rones elaborados por anteriores maestros desde hace más de un siglo. La magnitud de este trabajo se expresa, obviamente, en un precio por botella de más de 2.000 dólares.
Morales fue designado para presentarlo por única vez en Bogotá ante un público extasiado.
“Su edad y su trascendencia no sólo invaden la boca, sino que, una vez degustado, su presencia se mantiene por largo rato en el paladar y luego en la memoria”, dice Morales. Y no se equivoca. Máximo es difícil de olvidar, igual que resulta difícil valorar, hoy día, lo que requiere convertir a un ron en expresión de cultura.
* Esta nota se elaboró con testimonios directos de Asbel Morales y con fragmentos de vídeos de Havana Club y de la revista ‘On Cuba’.