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Moscatomanía

Hugo Sabogal
11 de febrero de 2012 – 08:00 p. m.

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La última fascinación en cuestión de vinos gira en torno al Moscato, que viene de una cepa dulce y suave.

El mundo de los vinos tiene sus caprichos. Hemos ido de la pasión por el Merlot, a su abandono; del potente Cabernet Sauvignon de clima ardiente, al moderado Cabernet de altura; del Chardonnay fresco y franco, al Chardonnay grueso y suntuoso; del delicado Pinot Noir de colinas onduladas, al seductor Pinot de influencia costera; del punzante Sangiovese, al frutado Malbec; del seco y áspero Sauvignon Blanc, al goloso Viognier; del restringido Samillón, al expresivo Torrontés; del clásico y burbujeante champán francés, al carbonatado frizante de discoteca, y así por el estilo.

Y ahora presten atención: la última fascinación gira en torno al Moscato. ¿Al Moscato? ¿Ese vino dulzón y empalagoso que, a pesar de acompañarnos desde hace milenios, ha estado relegado al último rincón del anaquel? ¿Esa bebida que nadie pide en un restaurante de moda u ofrece a sus invitados a cenar? Pues sí.

El furor de esta moda no ha llegado todavía a nuestras costas, pero en Estados Unidos el Moscato se ha convertido en el tercer vino blanco más vendido en 2011, por encima del Sauvignon Blanc y el Riesling, con un crecimiento del 73 por ciento, después de un salto del 100 por ciento en el período inmediatamente anterior. A la fecha, se están despachando más de siete millones de cajas de 12 botellas para calmar la nueva sed. Es, sin duda, todo un fenómeno que, según los expertos, durará tres o cuatro años más. ¿Qué pasó?

Una de las principales razones es que el Moscato posee los niveles de alcohol que los consumidores actuales están reclamando, es decir, entre seis por ciento y siete por ciento, frente al 13 por ciento o al 14 por ciento de los vinos secos tradicionales. Otro motivo es que, a diferencia de muchas otras variedades de uva, el Moscato puede presentarse como vino blanco, rosado o tinto, lo mismo que como espumante y licoroso. En consecuencia, la suma de todos estos factores tiene mucho que ver con la actual demanda, que ha convertido al Moscato en la opción preferida de la generación de los millennials y de muchas personas que eligen bebidas dulzonas, suaves y ligeras para disfrutar en sus encuentros sociales y familiares.

Y si creemos en la influencia de las figuras mediáticas que marcan tendencias y comportamientos, el Moscato es una de las pocas cepas que se mencionan en composiciones musicales. En tal sentido, ha sido prácticamente adoptada por populares raperos y compositores como Kanye West, Lil’ Kim, Drake, Waka Flocka Flame y DJ Khaled.

Influye también en este nuevo giro la rápida disponibilidad del producto, pues la uva Moscato es muy versátil y puede plantarse en la mayoría de los climas y suelos del mundo vitivinícola.

En este punto cabe aludir a su largo e impresionante recorrido. El cepaje Moscatel —que da origen al vino— es uno de los más antiguos conocidos por la civilización. Se originó en el Mediterráneo y recibió gran acogida en Egipto, Grecia y el Imperio Romano. En Grecia se la bautizó como “vid de las abejas”. Su extremado dulzor natural y sus fragantes aromas atraían a estos insectos, que extraían cuidadosamente la pulpa, dejando intactas la piel y las semillas del grano. Todos los historiadores coinciden en que se trataba de la uva Moscatel. Referencias a esta variedad se han rastreado desde Alemania, en el siglo XII, donde se la denominaba Muskateller, hasta Alsacia —en el norte de Francia— y España, en el siglo XVI.

Por aquella misma época se trasladó a América, donde posiblemente —como resultado de cruces genéticos con la llamada Criolla Chica, uva blanca ampliamente plantada en el Nuevo Mundo— dio comienzo al Torrontés, la cepa emblemática de Argentina.

La Moscatel se divide en dos categorías principales: Moscatel de Grano Menudo y Moscatel de Alejandría. La de Grano Menudo es la variedad más antigua, capaz de generar vinos sutiles, con delicados toques a naranja. La de Alejandría da vinos dulces intensos y gordos, con marcados aromas florales, principalmente a geranio.

A la hora de clasificar los Moscatos por tradición y complejidad hay que resaltar, en primer lugar, aquellos ejemplares hechos en Italia y Francia. Luego vienen los españoles, portugueses y austriacos. Australia también tiene dignos representantes, con énfasis en algunos Moscatos licorosos. Y en menor proporción figuran Estados Unidos, Argentina y Chile.

Para muchos es válido preguntarse si la fiebre de Moscato va a ser de corta vida como, en su momento, lo fueron el llamado Zinfandel Blanco, el rosado dulce y los wine coolers (refrescos carbonatados con base de vino). Pero, a juzgar por los crecimientos enunciados al comienzo, hay demasiados jugadores en la cancha como para pensar en un pronto retroceso. Una importante columna de sustento es que, por paladar genético, la renacida variedad ha encantado también a millares de afroamericanos y ciudadanos de origen hispano.

Además, el Moscato ha comenzado a utilizarse en coctelería, con el llamado Vodka Moscato a la cabeza. Este tipo de mezclas no es usual con los vinos. También van a aumentar las propuestas creativas, tanto en nombres, diseño de etiqueta y tipo de botella. Así las cosas, la moscatomanía no correrá el riesgo de ser una moda pasajera.

El Moscato en la mesa

La uva Moscatel se distingue por su dulzor natural y su marcado aroma a uva. Es quizás la variedad que más expresa esa condición. Tanto así, que la Moscatel aporta una buena cantidad de uva de mesa a los hogares del mundo.

Como vinos acompañantes de la gastronomía, es recomendable escoger un Moscato de dulzor medio para acompañar platos indios y orientales, elaborados con ingredientes especiados y aromáticos. Pero donde este vino alcanza su mayor protagonismo es a la hora de los postres. Mezcla bien con casi todos ellos. Y los Moscato rosados y espumantes pueden desempeñarse como aperitivos —aunque en pocas cantidades— o como opciones para cerrar un almuerzo o cena, especialmente los más licorosos.

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