Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
De la tradición vitivinícola surafricana y de las mejores tierras argentinas nacen estos vino de gran calidad.
La primera vez que lo vi, venía envuelto en una nube de polvo. Su 4×4 se acercaba a gran velocidad hacia Noemía, una bodega ubicada en uno de los sitios más aislados de la Patagonia. Allí lo esperaba junto a la condesa Noemí Marone Cinzano, su novia y socia.
Al iniciar el nuevo milenio, Noemí y él habían descubierto la zona del Valle Azul, en el Alto Valle del Río Negro, tras una larga búsqueda de viñedos antiguos por los territorios del sur. Ambos soñaban con producir un Malbec de carácter patagónico, que pudiera rivalizar con los grandes vinos del mundo.
Valle Azul es un territorio imponente, situado prácticamente en la mitad de la nada: no hay allí poblaciones cercanas, ni telefonía, ni electricidad. Y esto hace visitar Noemía toda una aventura.
La bodega está situada a 998 kilómetros de Buenos Aires. Hay que llegar, primero, por vía aérea a la pujante ciudad de Neuquén, y después recorrer unos 100 kilómetros hasta el lugar. Allí se levanta una pequeña bodega y una cómoda casa, hecha al mejor estilo patagónico, con un techo a dos aguas, sostenido por el gigantesco tronco de un árbol antiguo.
Fue precisamente en el gran salón de este palacete rural donde nos recibió Noemí, acompañada de un cocinero y dos meseros italianos, vestidos con casacas blancas. En sus manos sostenían bandejas con copas de un refrescante espumante de la región. Afuera corría el viento y dentro viajaban las notas de una ópera de Verdi. Objetos de cristal de Murano eran visibles en cada rincón.
Al preguntar por Hans, Noemí nos contó que estaba visitando viñedos y que se encontraba a punto de llegar. Mientras lo hacía, sugirió que saliéramos a visitar la pequeña bodega. Tras bajarse de la camioneta, Hans Vinding-Diers nos saludó con un fuerte apretón de manos. Es bien parecido y muy afable, y en los últimos cinco años se ha convertido en uno de los enólogos más respetados y admirados del mundo. A su cuidado está la elaboración de A Elisa, J. Alberto y Noemía, los tres célebres vinos de la casa. Reliquias por donde se les explore.
Hans ha logrado extraer del Malbec todas sus intensas notas frutadas, gracias a las frías noches de la región. La acidez natural y los firmes pero dulces taninos coloca a esta trilogía en una clase aparte, aunque Noemía desborda toda expectativa.
Este gran conocimiento no ha sido improvisado. Hans nació hace 38 años en el distrito vitivinícola de Stellenbosch, en Suráfrica, pero pronto la familia se trasladó a la zona de Graves, en Burdeos, donde su padre Peter Vinding-Diers, también enólogo, era dueño de dos famosas casas productoras: Château Rahoul y Château de Landiras.
El destino de Hans, sin duda, estaba marcado por el vino, aunque, en algún momento, jugó con la idea de ser director teatral. Tras formarse y crecer, Hans salió a recorrer el mundo, asistiendo a vendimias en Australia, Chile, Uruguay, Suráfrica, Portugal y España. En este último país trabajó el lado de su primo, Peter Sisseck, dueño de la bodega Pingus, una de las estrellas de la Ribera del Duero y, sin duda, la productora del vino español más cotizado en el mundo.
Hans terminó por establecerse en Argentina —un país que ama— por pedido de la centenaria bodega Humberto Canale. Allí estuvo al frente de su transformación y del desarrollo de nuevas etiquetas y estilos. Fue entonces cuando conoció a Noemí, cuya familia acababa de vender la célebre marca Cinzano al Grupo Campari. Plata en mano, Noemí empezó a buscar un lugar en el mundo para continuar su larga tradición vitivinícola, que incluye la propiedad de la bodega Argiano, en la Toscana, y estrechos nexos familiares con el clan Antinori, que elabora vinos desde el siglo XIII.
Sólo fue cuestión de tiempo para que un primo de Noemí visitara el Valle Azul, conociera a Hans y decidiera, él también, establecerse en esa hermosa región. Su nombre es Piero Incisa della Rocchetta, cuyo abuelo, Mario, fue el creador de Sassicaia, uno de los más insignes vinos de la península itálica. Piero incorporó a Hans para ayudarle a producir un Pinot Noir único. Y así fue como nacieron Bodega Chacra y los vinos Barda, Chacra 55 y Chacra 32, nuevos estandartes patagónicos desde su primera cosecha.
Tanto Noemía como Bodega Chacra han saltado a la fama gracias al trabajo de Hans y hoy ostentan elevadas posiciones en los ranking internacionales del vino.
Hans dice deberle su pasión y conocimiento a figuras como el australiano Murray Tyrrell, su primo Peter Sisseck, el empresario argentino Nicolás Catena y su padre, Peter. Ellos le mostraron el camino.
Hoy, sus raíces están insertadas en la profundidad de la tierra argentina y patagónica, que idolatra. Argentina, dice, lo atrapa por “su singular belleza, su infinidad de terruños para el vino, la pureza de sus aguas, sus contrastes de temperatura entre el día y la noche, la sanidad de sus uvas, el amor de los argentinos por el vino y el calor de los argentinos hacia los demás”.
Desde Argentina, Hans seguirá escalando posiciones y continuará elaborando vinos notables pero escasos. Para nuestra fortuna, acaban de llegar a Colombia a través de la importadora Inverleoka. No son baratos. Pero siempre habrá forma de darse gusto o de compartir el costo con otros cómplices.
‘Ranking’ de los vinos de Vinding-Diers*
Bodega Noemía de Patagonia (Valle del Río Negro-Patagonia)
Cosecha 2006 95 puntos
Cosecha 2004 94 puntos
Cosecha 2003 93 puntos
Cosecha 2002 93 puntos
Cosecha 2001 94 puntos
Bodega Chacra (Valle del Río Negro-Patagonia)
Chacra 32, cosecha 2006 92 puntos
Chacra 32, cosecha 2005 93 puntos
Chacra 32, cosecha 2004 92 puntos
*Según el ‘Wine Spectator’