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Nuevas referencias chilenas y argentinas llegan al mercado colombiano. Una oportunidad para dejarse sorprender.
En épocas de crisis, la prudencia suele arrebatarle terreno al arrojo. En los últimos 18 meses, en particular, el mercado local vio pocas novedades. Pero ahora, cuando el clima se torna un tanto menos hostil, comienzan no sólo a aparecer nuevas marcas, sino que algunas otras vuelven renacer.
La primera de ellas es Amaral, una bodega chilena ubicada en las colinas del Valle de Leyda, a poca distancia del Océano Pacífico. Son vinos muy particulares, en los que se nota un insinuante indicio a salinidad. En tal sentido, son vinos con rasgos exclusivos y diferentes. En el mundo, quizás el Jerez era el único en transmitir un hálito costanero.
La zona de Leyda suele despertar cada mañana bajo un manto de niebla, que sólo se evapora hacia el mediodía. Esto hace que la brisa deje sobre las uvas una fina capa de aura marina. Esta sensación se percibe, en especial, en el Chardonnay, que también es frutado y cremoso. El Sauvignon Blanc, por su parte, se manifiesta expresivo en nariz y boca, con notas frutadas y refrescantes. A los propietarios de la marca (la tradicional Viña MontGras) les gusta hablar de haber podido capturar “el carácter del mar en una botella”. De la misma bodega MontGras acaban de llegar dos tintos de atractiva personalidad: un Syrah y un ensamblaje de Cabernet Sauvignon y Carménère, bajo la marca Antu, que en mapuche significa “sol”. Con el apoyo del enólogo estadounidense Paul Hobbs, el mismo del célebre vino argentino Cobos, los creadores de Antu han querido encerrar en la botella —más que una expresión del clima y el suelo predominantes en el Valle de Colchagua (a 200 kilómetros al sur de Santiago)— un concepto enológico enfocado en la baja producción, para lograr un mayor nivel de recordación.
Otra novedad de MontGras, del Valle de Maipo, es el vino Intriga, elaborado con Cabernet Sauvignon, cepa estrella de la zona. Es jugoso e intenso y deja notar sugerencias a frutas negras, casis y menta. Estas nuevas marcas chilenas llegan a Colombia a través del grupo de restaurantes DLK, de Bogotá.
Casas del Bosque, también de impronta chilena, resurge en el mercado nacional, después de llevar varios años en Colombia. El responsable de su llegada, hace alrededor de cinco años, fue el Club Decanter, de Medellín, pero, a partir de ahora estará representada por los directivos de los restaurantes Nazca y 14 Inkas de Bogotá.
Esta bodega está localizada en el Valle de Casablanca, a 70 kilómetros al oeste de Santiago. Esta zona ha sido motivo de atención de los enófilos del mundo, pues de sus viñedos salen algunos de los nuevos vinos australes más llamativos. La cercanía al mar imprime a los vinos, especialmente a los blancos, toques frescos, frutados y cítricos, y, en algunos casos, se distinguen por sus coloraciones atípicas. Entre los vinos de Casas del Bosque disponibles en Colombia están los siguientes: Reserva Sauvignon Blanc (tropical y cítrico), Reserva Chardonnay (fresco y cremoso) y Reserva Cabernet Sauvignon (producido en el más cálido Valle de Rapel, en el centro del país, y caracterizado por una intensa jugosidad). En la línea Gran Reserva destacan el Syrah (especiado y elegante), el Sauvignon Blanc (frutado y mineral) y el Pinot Noir (suave y trufado). Otro grupo de vinos de esta casa, y que coronan su abanico, son el Gran Bosque (Cabernet Sauvignon) y el Estate Selection (blend de Merlot, Syrah y Pinot Noir).
Por el lado argentino hay dos nuevas bodegas de perfil boutique y artesanal, que sorprenden por su estilo y manejo. Ellas son CarinaE (Mendoza) y Amauta (Salta). Creada por Brigitte y Philippe Subra, en 1998, CarinaE produce vinos con uvas procedentes de viñedos del distrito mendocino de Cruz de Piedra, en Maipú, y de Perdriel, en la zona más alta de Luján de Cuyo. La mejor forma de definir los vinos del matrimonio Subra es que se hacen sin afanes, es decir, no corren contra el tiempo, sino que avanzan al ritmo que éste les imponga. CarinaE (que significa “de la Carena”, una constelación del cielo austral) ofrece un Malbec joven jugoso y agradable. En la categoría de los reserva figuran dos Malbec y un Cabernet Sauvignon, de colores profundos y de gran cuerpo y complejidad. En el nivel de los gran reserva (de alta concentración, estructura y elegancia) están un Malbec, un Syrah y el Prestige, mezcla que incorpora cepajes como Malbec, Syrah y Cabernet Sauvignon, procedentes de distintas zonas de Mendoza.
Los vinos de CarineE invitan a combinarlos con platos de carnes rojas, aunque los más jóvenes se adaptan bien a preparaciones menos complejas, incluyendo pastas y arroces.
La casa importadora de esta marca es Tres S Ltda., que ha decidido, asimismo, introducir la marca Amauta, que en quechua quiere decir “maestro” o “guía”. Amauta, junto con las marcas Laborum y Porvenir, constituyen el portafolio completo de Porvenir de los Andes, bodega localizada en Cafayate (provincia de Salta), a 1.750 metros sobre el nivel del mar. Perteneciente, junto con CarinaE, a la categoría de bodegas boutique, Porvenir de los Andes sorprende por el equilibrio de sus vinos y su capacidad de agradar los sentidos. Amauta, en particular, ha optado por un estilo de ensamblaje y por eso sus dos tintos están compuestos, por un lado, por una mezcla de Malbec-Cabernet Sauvignon-Syrah y, por otro, por una muy bordelesa combinación de Cabernet Sauvignon y Merlot. Son, en esencia, vinos tintos de altura, poseedores de notas frescas y frutadas, y un interesante trasfondo mineral. Se beben con facilidad y pueden tomarse solos o como acompañantes de comidas ligeras o de mediana complejidad.
Aunque los consumidores nos pegamos a veces a marcas que nunca nos defraudan, me gustaría invitarlos a darles oportunidad a estas nuevas etiquetas australes, amparadas por empresas enfocadas en producir vinos para perdurar. De alguna manera, son una buena excusa para ahuyentar las vacas flacas y dejarlas, definitivamente, atrás.