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Comandante Restrepo. Y agua

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A mí me gustaría que el excomisionado Restrepo resultara inocente. Reconozco su papel en muchas desmovilizaciones. Hay que agradecerle. Pero eso no le da derecho a huir y comenzar una guerra mediática contra la Fiscalía, la cual, ha dicho, ha sido tomada por “criminales vestidos con el ropaje de la ley”.

Una expresión patética cuyo autor es un exfuncionario vestido con el ropaje artificial del delincuente político. Una verdadera vocación tardía y sospechosamente sincronizada con el inicio de las investigaciones. Incluso Plinio, aunque lo defiende porque sostiene que fue víctima de un engaño, encuentra inaceptable el autollamado a convertirse en comandante rebelde en contra de Santos.

Pero dentro del patetismo de la situación, hay algo que no debe pasar inadvertido: propone una constituyente para la reforma a la justicia. Dentro de este carnaval fulgurante de acusaciones y propuestas, cuyo ropaje de cortina de humo es inocultable (¡otra vez el vestido!), lo verdaderamente llamativo es que Restrepo, quizás como todo colombiano, lleva un pequeño constitucionalista entre pecho y espalda. En el siglo XIX, no hubo revolución que no hubiera terminado con una Constitución. Constituciones como cartas de batallas, dijo algún autor. Y más tarde, cada crisis fue también acompañada de soluciones constitucionales, habitualmente ineficaces. No escaparon a este designio ni el Eme, ni las Farc (desde Jacobo, pasando por Marulanda y Cano y llegando a Timochenko). Lo grave en este caso, es que si en algún lugar hay que buscar la verdadera reforma a la justicia, ese lugar no es la Constitución. El doctor Restrepo, en su apresuramiento para construir su ideario rebelde, cayó en el mismo error del Gobierno, que insiste en convertir una discusión sobre la nueva repartición de la torta punitiva en una vicariante reforma a la justicia, por completo inútil, impertinente y muy poco saludable.

Otro ángulo: José Obdulio dijo algo un tanto abstruso en su última columna. Me pareció que insinuaba que sí hubo engaño en la desmovilización, pero que la idea era engatusar a las Farc, no a la sociedad. Esta afirmación es complementaria con otra en la que agregó que, en la guerra, “el engaño es virtud”. Ofrezco mis disculpas si lo malinterpreto. Serían deficiencias de mi seso y no defectos del discurso. Pero algo sorprende: si esta interpretación es correcta, tengo que reconocer que me parece mejor la defensa de José Obdulio que la cascada de artificios inconexos que nos ha espetado Restrepo.

¿Será que no han podido hablar?

* * *

Muy bien que Petro haya hecho realidad los seis metros cúbicos gratuitos de agua para estratos 1 y 2. Esto tiene antecedentes supranacionales (Naciones Unidas habla de un derecho humano al agua) y también internas: hay sentencias varias de la Corte Constitucional. Elementos materiales mínimos para la vida digna hacen parte de los derechos fundamentales. Claro que en economía no hay almuerzo gratis. En declaraciones a La FM, Petro se mostró tímido en esto. Dijo que compensaría la baja en utilidades de la Empresa con acciones contra la corrupción. Respuesta débil. El recorrido de los circuitos financieros del Distrito implicará, por cefas o por nefas, que pagarán los ciudadanos que tributan. No tenga miedo, Petro. Esto está bien. O tributación o revolución.

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