Comenzó el 2022 electoral

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Empieza la campaña presidencial. De manera abierta o embozada, supera la docena el número de personajes que ya se tomaron las medidas de la banda tricolor. Y la noche que llega.

Se habla de la formación de una coalición de centro-izquierda que presente una plataforma alejada de extremismos. Pica en punta Fajardo por su palmarés electoral reciente. Pero creo que la escogencia del candidato de esa franja no funcionará mediante unción y palio. Lo deseable es una consulta popular en marzo de 2022. Ojalá sea posible adelantar un proceso en el que, aun con diferencias evidentes, se evite caer en las ferocidades que alimentan hoy el juego político.

No obstante, la gran incógnita que habrá que despejar es la relacionada con el comportamiento de Petro. En la pasada campaña tendió puentes con el liberalismo. Pero hay un subfondo de desconfianza en una gran masa de centro y de izquierda menos radical. Petro ha venido endureciendo su lenguaje. Alguna estrategia suya debe recomendarle eso, pero por ahora no encuentro que ese camino sea el mejor para su causa. Es cierto que erróneamente se le ha querido asfixiar, cerrando de manera arbitraria su escenario electoral y negando su papel político. Es un enorme error de sus opositores. Porque en su mentalidad, si se le coloca en condición de “muera Sansón”, no tendrá empacho en hacerlo. Por cierto, sus permanentes diatribas, ahora incluso contra Claudia López, simplemente confirman la añeja idea de que en política, el problema no son los enemigos, fáciles de perfilar y mantener, sino el tratamiento de los amigos. Bueno, amigos no hay, digamos los ocupantes de territorios colindantes.

La candidatura de Robledo va a ser interesante. Un político honesto y serio. La mayor discrepancia con él se deriva de su modelo económico. Pero hay que reconocerle que ha afrontado el tema de la corrupción sin trepidar.

El mayor riesgo de la centro-izquierda viene del carácter amebiano de la izquierda. Amebiano, porque lo que la caracteriza son su desarreglos intestinos. No se ha podido curar. Ya se sabe cuán resistentes son las amebas.

Seguramente se buscarán aproximaciones PL/U/CR. Se hablaba de Char antes del síndrome Merlano/Ñeñe. No será fácil. “Nacionalizarlo” va a exigir esfuerzo y plata. Bueno, plata es lo que hay. Pero, en general, empresarios al poder no es buena receta. Y Vargas Lleras ahí. El virus de la política es igualmente incurable.

La derecha tiene también su laberinto. Y sus virus testarudos. El Centro Democrático, aunque lo niegue, padece de algún grado de división interna. Los sectores radicales siguen enamorados de Uribe, mientras algunos acusan una cierta fatiga frente al caudillo. Piensan que Duque es mejor opción, pero aun siendo presidente tampoco se ve que haya logrado galvanizar. Aunque en Colombia lo importante no es ser presidente sino expresidente. Y aunque el terror a la izquierda se mantiene, muchos ocupantes de la derecha preferirían que Uribe se jubilara, aun si alguna vez cultivaron la cadena de miedos zurcida de manera ferviente: Chávez, Maduro, Farc, Venezuela, Foro de São Paulo, que desemboca en la alucinante tesis de Marta Lucía quien soñó ver a Putin comprando cacerolas en el Éxito. Seguiremos mirando esta telenovela apasionante.

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