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DESPUÉS DE DÉCADAS DE FILA INdia y elecciones previsibles, se ha logrado en un mes animar una campaña hasta límites inéditos.
La intención de voto por Mockus ha pasado del 9% en marzo al 20%, según encuesta divulgada el viernes por Ipsos-Napoleón Franco para RCN y otros medios. Por su parte, Santos ocupa el primer lugar, pero disminuyó del 36% al 30%. Mientras tanto, el Partido Liberal vuelve a ocupar el primer puesto en las preferencias nacionales.
En el plano regional, Santos sube al 43% en la costa Caribe y se coloca ligeramente por debajo de su promedio nacional en Bogotá. Mockus “se nacionaliza” al dejar de ser un candidato bogotano. Sube significativamente en la zona central al 27%, quizás por la sinergia que produjo su alianza con Fajardo. Mockus muestra un fuerte voto joven, seguramente porque su campaña se ha orientado más a internet, mientras que Santos arrasa en su propia generación: votantes de más de 54 años.
Como lo vimos al analizar la medición de marzo, la confrontación sigue alejada por completo de la lucha de clases. Santos gana en los estratos 1 y 2 con un sólido 37%, frente al 13% de Mockus. Todavía su lenguaje y sus excentricidades difícilmente calan allí. En cambio, en los estratos 5 y 6 ocurre lo contrario: Mockus 37% contra 23% de Santos. La clase media, el gran elector, se divide casi por mitades. Y ahí estará la clave.
Santos se muestra más sólido, aunque si hay segunda vuelta, lo cual es casi seguro, se intuye un final reñido. 45% para Santos frente a 37% para Mockus. Es probable que casi todo el establecimiento político vaya a apoyar a Santos en la segunda vuelta. ¿Logrará Mockus derrotarlo? Sólo sería posible si engancha el 11% de indecisos y si cautiva a los abstencionistas, una empresa que ha sido como el talismán de los movimientos alternativos, pero que nadie ha logrado cristalizar.
Esa segunda vuelta será el paraíso de los miedos: Santos dirá que su rival es un cheque en blanco y que él tiene experiencia y es predecible. Mockus golpeará en las vulnerabilidades que se desprenden, precisamente, de haber estado su rival en primera línea durante tanto tiempo.
Por su parte, como Santos se ha movido al centro, alguien tiene que galvanizar la derecha. Se suponía que ese era el papel de Arias, pero al final de la semana ha recibido el apoyo del Presidente, quien contradiciendo sus propias palabras arremetió contra Mockus. Algo lamentable.
Porque el entorno descrito muestra un intenso proceso de ampliación de la democracia. Elecciones verdaderamente competitivas, divergencias civilizadas en un entorno de consensos básicos contra la violencia, en fin, una sociedad más moderna y sofisticada.
La mancha lamentable es la desapacible intervención del Presidente. Hasta se podría discutir qué tan válida es hoy la prohibición a los funcionarios de intervenir en política. Pero mientras subsista la norma, es muy pobre el aporte del doctor Uribe a la consolidación de las instituciones y a la pedagogía de respeto a la ley. Además, el doctor Uribe juega con dos fuegos: el fuego institucional y el ignoto fuego de las preferencias electorales. Ya una intervención suya ayudó poco a Peñalosa en la contienda por la Alcaldía.