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A RAÍZ DE LOS INCIDENTES PROVOcados por actitudes de varios periodistas durante el rescate de Alan Jara, se puso sobre el tapete la teoría de la neutralidad del periodismo.
Entre varios, destaca la intervención de un jefe de redacción de un medio extranjero en defensa del papel de Hollman Morris. “La obligación del periodista es ser neutral”.
Escalofriante. Cualquiera sea la justificación, las Farc han cometido toda clase de atrocidades contra personas inermes. Y, si algo faltara, también los paramilitares han realizado canalladas semejantes. Neutralidad es que moralmente es lo mismo secuestrar que no secuestrar, volar con cilindros niños que apenas balbucean o no hacerlo, convertir o no en átomos a los buhoneros del Cartucho. Ser neutral es decir que ser asesino o víctima es producto de un juego de dados, no de una reflexión ética.
Estos son crímenes de lesa humanidad, palabra que por decir mucho, tal vez encubre en su generalidad y abstracción la verdad de lo acontecido. Las actuaciones horrendas de guerrilleros y paramilitares (entre las cuales, si se quiere, el secuestro no se lleva el primer puesto), no sólo atacan la humanidad como concepto sino que destruyen la vida, la libertad y la dignidad de personas de carne y hueso. En cuanto al secuestro, perturba además la arrogancia con la cual estos facinerosos disponen a su amaño de la vida de miles de personas y ni siquiera al momento de su liberación muestran algún respeto por esos seres humanos. En efecto, lo de estos días, dejando a salvo la alegría que produce la liberación, ha sido un sainete nefando, un tinglado político lleno de manipulación y cálculo.
Por respeto a la dignidad humana, nadie podría decir, cualquiera sea su profesión, que se declara neutral ante semejantes atrocidades. La neutralidad equivaldría a negar la esencia misma de esa dignidad. La neutralidad es una especie de traición al género humano.
Cosa distinta es que el periodista debe mostrar equilibrio. Equilibrio no es neutralidad. El periodista debe cubrir las diversas aristas del suceso e indagar y permitir la expresión de quienes están en contra de la organización política actual. Y, por su parte, sus oyentes tienen derecho a recibir información veraz y completa. No se trata de pedirle al periodista que haga un editorial contra la violencia cada que habla. Pero sí que no caiga en la trampa, que desenmascare el verdadero juego y que impida ser objeto de manipulación.
Las bienvenidas liberaciones se han convertido en un carnaval en el que las víctimas son zarandeadas sin piedad. De algún modo, nuestra idiosincrasia genera ese efecto de bola de nieve a la cual los medios no son capaces de resistir. Todos terminan luchando por la primicia, convirtiendo una escena de tanta hondura humana, en una comparsa mediática insoportable. Y como símbolo de ella, las víctimas convertidas en peleles, manipuladas y manoseadas sin pudor alguno.
Corrijamos eso, entre todos. Como dijo el presidente de la asociación de psiquiatras, las víctimas, a descansar y reencontrarse consigo. Entrevistas, después.
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Oíste querida Piedad: A quienes te respetamos y reconocemos tu valía, nos parece una provocación innecesaria hablar de las Farc-Ejército del Pueblo. ¿Por qué no lo dejas simplemente en las Farc-Ep?