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TODO INDICA QUE HOY NO HABRÁ ganador en las elecciones. Habrá que ir a una segunda vuelta para escoger entre Santos y Mockus. Habrá tiempo de volver sobre esto.
En cambio, lo que ocurrirá hoy es que varios aspirantes concluyan su tarea. Algunos han hecho una campaña notable.
Sé que Noemí Sanín es mejor de lo que ha podido exhibir en la campaña. Tiene buen juicio, sentido de Estado y un temperamento especialmente dotado para la política. Sabe más de economía de lo que le reconocen. Y no sólo de economía política. Como gerente ha tenido que tomar decisiones en las entrañas mismas de los negocios. Es algo que se ha deformado en los medios hasta el punto de la crueldad. Ante la pregunta de Santos sobre la enfermedad holandesa, producto del aluvión de dólares, su respuesta fue correcta. Fondos de estabilización en el exterior son parte de la solución. Pese a eso, una connotada periodista dijo que la candidata no distinguía entre la salsa holandesa y la enfermedad holandesa.
Algunos aspectos pueden haber afectado a Noemí. Su aterrizaje fue confuso. Vacilante la definición sobre sus relaciones con Uribe, así como la escogencia de partido. Y, por otro lado, la lucha interna en el conservatismo la privó del mensaje fresco e independiente con el que casi gana las elecciones en el pasado. Quizás tuvo que abandonar ese nicho por imperativos mecánicos, pero a fe que pagó un alto precio.
Pardo puede ser uno de los personajes con mayor conocimiento del Estado. No logró cautivar al gran público, pero tampoco a los que se confiesan liberales. Se atribuye esto a su menguada expresión corporal. No lo creo. Ni Santos ni Mockus son propiamente Demóstenes. Alguien cree que ante la estampida liberal hacia Uribe en 2002, el Partido quedó en manos de sectores socialdemócratas, más bien serpistas, que allá en lo profundo de la provincia no ven con buenos ojos a un candidato asimilado al neoliberalismo. Si non è vero, è ben trovato.
Vargas Lleras es arrogante y tiene fama de manzanillo. No fue esto lo que mostró en una campaña de excelente factura. Cómo es realmente Vargas es para mí todavía una pregunta sin respuesta. Pero lo que no se discute es que hizo bien su tarea. Sus programas fueron concretos, precisos, labrados con garlopa. Ostenta, además, el mejor castellano. Habla como de memoria. Se ha dicho que el hombre elegante debe tener un toque de desarreglo. Un mechón, una corbata fuera de sitio. Vargas debería equivocarse y vacilar para darle frescura a su mensaje. Digo yo.
Petro suena brillante pero, honestamente, yo no dejaría mis nietos a su cuidado. Bueno. Él tampoco los recibiría, lo que nos deja a paz y salvo.
De allí en adelante, nada que hacer. Hay que establecer mecanismos para evitar que se use la condición de candidato de nadie para buscar notoriedad ficticia. Además, es tremendamente corrosivo que se repita la historia de un magistrado, el doctor Araújo, quien convirtió sus sentencias en banderas políticas. ¿Cómo extirpamos ese mal? Jorge Humberto Botero propuso nombramiento vitalicio de magistrados pero muerte política para el que salga vivo.