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Referendo inconstitucional

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PRIMERO LO JURÍDICO, AUNQUE por estas calendas parece ser lo último: según la jurisprudencia vigente, el referendo para el tercer período presidencial es inconstitucional. Escribo sin rabia ni agenda.

Sencillamente, en la sentencia sobre la reelección, la Corte Constitucional dijo que, por una vez, no significaba una alteración sustancial del núcleo de la Constitución. No la sustituía. Y en una sentencia anterior, la del referendo, dijo que este tipo de sustitución, o sea el tercer mandato, requería una manifestación originaria del pueblo. Que el pueblo convocado a un referendo no era “la voz de Dios”, sino un órgano más dentro del elenco de instituciones jurídicas, sometidas a la Constitución, no por encima de ella, y con los límites de competencia inherentes al Estado de derecho.

Vaya, vaya.

Le eché ese cuento a unas señoras en el Jockey y me dijeron: pueblo es pueblo. Y si 5 millones de firmas y 7,5 más el día del referendo no son democracia, entonces que me lo envuelvan. Repetí la historia con unas ilustres damas de una acción comunal de Ciudad Bolívar, y me dijeron lo mismo.

Quienes pensamos que democracia es más que encuestas, y que se nutre de minorías, división de poderes, alternabilidad en el poder, tolerancia y respeto a la diferencia, la tenemos cuesta arriba. Y quienes profesamos la creencia de que un tercer mandato implica un desajuste profundo en el esquema democrático que encarna la Constitución del 91, tenemos que sudar la gota gorda. El argumento de las damas es macizo, duro como el cuarzo. El nuestro sutil, laberíntico y abstracto.

Ahora lo político: No hay procesión sin santo. Mientras el argumento jockey-Ciudad-Bolívar tiene un ícono que se llama Álvaro Uribe, el otro anda expósito en poder de intelectuales casposos y columnistas pesados. Sin santo en esta otra procesión, la política no funciona.

Por ahora, ese santo, esa imagen, ese ícono, es apenas la sombra de un sueño imaginado.

En el Partido Liberal, aparentemente aconductado ahora por fuerza de las circunstancias, pero habitáculo tradicional de manzanillos de toda estirpe, empieza a sentirse la fatiga del desierto burocrático. Hay quienes aseguran que no faltan congresistas que saben que sin la gasolina de los puestos y los contratos, no llegan. Y piensan en un armisticio con Uribe.

En el Partido Conservador, Pastrana sueña con candidato propio. Pero, igual, mientras Uribe sea su jefe de personal, duelos les mando.

El Polo, ¡ah!, el Polo. La eterna historia de la izquierda. Cuando aparece alguna luz en el horizonte, se desata la noche de los cuchillos largos. La urgencia del momento parece ser la de despedazar a Lucho Garzón, antes que abrir un camino al futuro.

Y el uribismo se empeña en impulsar la manida consigna: al agua patos. Y patas. Pero, ¿qué se ganan mientras el cisne mayor sigue tan campante como Johnnie Walker?

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