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La carnadura esencial del colombiano se resuelve en dos metáforas: 38 largo y silogismo corto.
El 38 largo va desde la violencia, la justicia por propia mano, el atajo y el usted no sabe quién soy yo. Volveré sobre eso.
El silogismo corto arranca de un fardo cultural muy bravo: nuestra formación católica escolástica, reforzada por la presencia inmisericorde de Santo Tomás, construyó un núcleo cultural que desechó de entrada el empirismo, el ensayo y error, el procedimiento inductivo sujeto a la prueba ácida del resultado comprobable.
Los intentos del general Santander por incorporar a Bentham fueron neutralizados. Y, por el contrario, desde 1886, derrotado el radicalismo, se acentuó el silogismo que arranca de una premisa mayor que generalmente es un a priori: una verdad revelada.
Pero ya en estos andurriales criollos, el asunto fue aún más grave. Porque ni siquiera optamos por el genuino silogismo que también incorpora una premisa menor de realidad y saca una conclusión. Aquí nos varamos en la premisa mayor: somos los machos para la carreta, para la especulación, para el ditirambo y para el articulito. Pero de la verdad verdadera, pocón.
Todo esto para incursionar en la pretendida ley de financiamiento. Gutiérrez Sanín dijo que un columnista debe dedicarse como zapatero a sus zapatos. Pero, estimado maestro, podemos echar nuestro cuarto a espadas en el asunto tributario, así sea solo apelando a nuestra condición de paganinis.
En este terreno, seguimos los dictados de nuestro ADN cultural. Enormes discusiones ideológicas sobre el IVA a la canasta familiar, y un verdadero desierto en el otro extremo de la ecuación. ¿Es verdad que, dejando afuera la paja, les podemos devolver a los más pobres el IVA? Este debería haber sido el comienzo de la discusión en una sociedad seria que no se basa en prejuicios. Y aquí solo han imperado las afirmaciones basadas en la fe. Los amigos de la idea dicen: ¡fresco! El Sisbén está remozado y no hay problema. La platica llegará hasta Paratebueno y Timbiquí. Los bancos, con las fauces abiertas, se ofrecen. Y los enemigos señalan lo contrario. Pero no hay un solo análisis serio, empírico, sin retórica: ¿es o no posible llegarle a toda la población? ¿Quiénes quedarían excluidos? ¿En cuánto tiempo devuelven? Algo crucial porque vaya usted hoy a la DIAN a pedir la devolución de sus excedentes. Quién dijo miedo. No se los entregan nunca y en cambio lo investigan para joderlo.
Porque si lográramos de manera científica establecer la realidad de la hipotética devolución, la carga retórica, política, bien o mal intencionada, ideológica y oportunista sobre el cobro del IVA, si no queda resuelta, al menos minimiza el tsunami nacional de palabrería.
Y permitiría respirar mejor para mirar hacia Kalmanovitz. Dividendos, por ejemplo.
Coda: En el inverosímil caso de la familia Pizano, para beneficio de todos, en cuanto el doctor Martínez se declaró impedido en la Ruta del Sol, un fiscal ad hoc independiente, ajeno a la Fiscalía, que brinde garantías a todos, es conveniente para la sociedad. Y quien más ganaría sería el propio NHM.