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Circuló por estos días la idea descabellada de que el doctor Álvaro Uribe se presentaría como candidato a la Vicepresidencia en el año 2014, cabalgando en el lomo de algún ciudadano cuya única misión, se dice, sería la de servir de marioneta en beneficio del expresidente que, en su condición de consueta, sería el gobernante efectivo.
Aunque la iniciativa debería ser apenas un mal chiste totalmente desdeñable, el silencio de los supuestos agraciados con semejante destino y la vacilante respuesta del doctor Angelino Garzón conducen a pensar que en el cerebro reblandecido de algún compatriota la idea haya anidado de verdad.
Pero sucede, para empezar, que semejante maniobra constituiría un escandaloso fraude a la Constitución. En efecto, la única función constitucional del vicepresidente es la de reemplazar al presidente. Si el doctor Uribe no puede cumplir con ese eventual cometido, dada la prohibición vigente, es claro que su elección sería apenas un camino tortuoso para evadir la norma superior. No han faltado quienes digan, con óptica minúscula, que como la Carta habla del presidente, pero no del vicepresidente, pues la prohibición se desvanece. Salta aquí el rábula instalado de manera indeleble en el alma nacional. Es la manía de limitarse a las formas omitiendo la cuestión sustancial.
Pero dejemos de lado pesadas disquisiciones jurídicas. Lo verdaderamente importante es que esta democracia nuestra, llena de lunares e insatisfacciones, al menos ha sido decorosa. Una fórmula de esta naturaleza es inédita entre nosotros, que nos creíamos vacunados contra ese tipo de desafueros. Héctor Cámpora asumió la presidencia en la Argentina con el único propósito de permitir el reingreso triunfal de Perón. Y también el mismo Perón, en la célebre manifestación de Belgrano, tuvo que aguantarse el tramacazo de un pueblo enardecido que exigía la designación de Eva Duarte como vicepresidenta para instaurar un binomio en la cúspide. Bordaberry en Uruguay gobernó como simple fachada de militares que desempeñaron con horror el papel de ventrílocuos. Y el tándem Putin-Mendenev sobrepasa los linderos de la más fértil imaginación.
Distinta la otra fórmula que también circula: una candidatura al Senado del doctor Uribe a la cabeza de una lista nacional. Aquí habría que aceptar que se trataría de un ejercicio democrático.
Pero el toque sorprendente lo ha puesto el doctor Angelino Garzón. Preguntado por Vicky Dávila en La FM si aceptaría el papel de caballo de Troya, respondió que “por ahora” estaba metido a fondo en su campaña para la OIT. En honor a la verdad, no respondió afirmativamente, pero sorprendió ese misterioso “por ahora”, cuando se esperaba que negara tajantemente cualquier posibilidad.
El otro “por ahora” famoso fue el de Hugo Chávez cuando abortó su intento de golpe de estado. Desisto “por ahora” de mi deseo de llegar al poder, dijo más o menos. Mire dónde vamos.
Dada la dimensión histórica del doctor Uribe, creo que lo que le corresponde es desechar de manera vertical semejante despropósito. Me niego a creer que siquiera acaricie semejante idea.