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Después del pasado 24 de agosto, mucho se ha dicho sobre el cierre de las negociaciones entre el gobierno y las Farc. Sin embargo, falta aún mucho por decir.
No pretendo ahondar en los temas que ampliamente han expuesto los especialistas sobre el contenido de estos acuerdos y que continuarán siendo profundizados en los próximos días, pero sí deseo compartir con los lectores una reflexión sobre el paralelo que encuentro, como universitario, entre la entrega de este histórico documento, y el proceso que regularmente se surte para culminar los estudios de doctorado.
Quienes conocemos las angustias diarias de los estudiantes de doctorado, desde nuestra actividad como profesores, directores o evaluadores, sabemos perfectamente del inmenso trabajo que hay detrás de una tesis, como principal actividad académica de un programa doctoral.
Así, creo que no es difícil plantear una analogía entre el fin de las negociaciones de las Farc y el gobierno y los últimos pasos que se dan cuando se culmina un trabajo de tesis en el nivel más alto de la educación superior. En efecto, no cabe duda de que el documento de 297 páginas, titulado “Acuerdo final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera”, corresponde a un trabajo que bien podría compararse con una tesis doctoral, escrita por un grupo de “estudiantes” que han trabajado durante 4 años para graduarse como “doctores”, realizando un amplio trabajo de investigación en un tema que les fue propuesto por su director de tesis, en este caso, el presidente Juan Manuel Santos.
La presentación de este documento final es entonces comparable con la entrega, por parte de los estudiantes, de su trabajo de tesis. La alegría y satisfacción por haber superado esta importante etapa y liberarse ya de la presión del tiempo límite de permanencia en la universidad y la del director, se combina con el optimismo, expectativa y nerviosismo que despierta ahora su evaluación y sustentación para que pueda aprobarse. Creo que esos sentimientos comunes en los estudiantes de posgrado, fueron los que invadieron, en cabeza de Humberto de la Calle, a todo el equipo negociador (o de “estudiantes”) al hacer entrega formal del documento la semana pasada.
Pero si aceptamos esta comparación, lo que viene ahora, tal como sucede en las universidades cuando se avecina la sustentación de la tesis, no es nada fácil ni tranquilo. Cada nueva lectura del trabajo por parte del estudiante, del director o de un evaluador, motiva alguna modificación del escrito, de suerte que si los cambios no se suspendieran con la entrega de la tesis, nunca habría una versión final y definitiva.
Como se trata de una tesis que será evaluada el día 2 de octubre, tras su sustentación, tienen que ocurrir muchas cosas que ordenan los estatutos universitarios: el jurado, compuesto en este caso por todos los colombianos, deberá leer el documento, el cual es inmodificable y deberá calificarse en esa versión final en que fue recibido. Naturalmente la sesión de la sustentación permite que el estudiante se luzca (a veces la sustentación supera el escrito) o se hunda. Esta sustentación, para el caso que nos ocupa, puede compararse con el trabajo que realiza actualmente el equipo de “estudiantes”, demostrando la coherencia del documento en la misma forma en que un estudiante de doctorado debe mostrar ante todo que la tesis es un aporte original a la ciencia, a las artes o a las humanidades. En nuestro caso, por supuesto, el mayor logro es el aporte original que debe tener el Acuerdo para alcanzar la paz de manera ejemplar y duradera.
Los evaluadores podrán aprobar o reprobar la tesis, valorando si alcanza o no una calificación satisfactoria y teniendo en cuenta que ésta es parte esencial de lo exigido a un estudiante que será convertido en un nuevo doctor y que, por lo tanto, debe mostrar capacidad para la investigación autónoma. Cuando la tesis aprobada supera el estándar de exigencia, el jurado puede otorgar una mención meritoria o incluso laureada. Pero si la tesis es reprobada, el trabajo no puede ser presentado con modificaciones para una nueva evaluación y el estudiante sale del programa sin obtener el título.
Estoy seguro de que la tesis, que los colombianos tendremos oportunidad de evaluar el 2 de octubre, tras esta sesión de sustentación de un mes, debe ser aprobada; es más, me gustaría solicitar una mención meritoria, aunque no laureada, para este trabajo realizado en ese laboratorio especializado de paz que constituyó la mesa de negociaciones.
También debemos tener en cuenta que, como ocurre en ocasiones con los trabajos de tesis, cuando algún evaluador tiene profundas diferencias, heredadas de anteriores desencuentros con el director de la tesis presentada, se castiga injustamente el trabajo y puede llegarse al extremo de dar una nota reprobatoria a una buena tesis.
Confío en que todos los colombianos, como evaluadores, actuemos objetivamente. Que leamos tranquila y conscientemente la tesis (el Acuerdo) y que tengamos la capacidad para calificar este trabajo de manera integral, aunque presente algún error por el que, precisamente, no queramos otorgar la mención laureada.
* Rector, Universidad Nacional de Colombia