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La semana pasada tuvo lugar un evento poco común de la comunidad matemática del país: la realización de un acto de reconocimiento a un profesor universitario de matemáticas que cumple 75 años, la edad de retiro forzoso en la Universidad Nacional de Colombia.
Naturalmente no es cualquier profesor, y estar tan activo académicamente a su edad es apenas uno más de sus incontables méritos. Se trata del profesor José Francisco Caicedo, conocido familiarmente por quienes nos hemos formado como matemáticos en Colombia, como “Pacho”.
La iniciativa de llevar a cabo este acto de reconocimiento fue ampliamente acogida, lo cual no me sorprende. Nos dimos cita matemáticos de muchas generaciones para expresar el agradecimiento, respeto y admiración de discípulos y colegas, pero ante todo de amigos que apreciamos su fructífera labor como constructor del saber matemático, especialmente como incansable luchador por la inclusión y formación de muchos colombianos en esta disciplina.
Quiero aprovechar el ejemplo de este importante personaje de las matemáticas para ilustrar de una manera inequívoca lo que puede lograr la educación pública en la transformación de las vidas de algunos colombianos. Pacho Caicedo nació en la ciudad de Cúcuta, su madre falleció al poco tiempo de nacido y sus primeros años los vivió bajo la custodia de sus tías. Su padre apareció cuando tenía 5 años de edad y decidió traerlo a la capital del país, donde trabajaba como mecánico. Así que su infancia y juventud transcurrieron en un taller de mecánica ubicado en el barrio Santa Lucía del sur de Bogotá.
El ambiente que acompañaba las actividades laborales de su padre era el mismo que servía a su recreación y reflexión. Los primeros interrogantes sobre conceptos de la física, tales como fuerza, masa o velocidad aparecieron cuando seguía la trayectoria de un tejo, probando un carro recién reparado y escuchando a alto volumen la variada música popular, abundante en rancheras, boleros y tangos, que desde niño aprendió de memoria y que aún es capaz de repetir.
Quizo ser futbolista y logró vincularse por entonces a las divisiones inferiores del equipo Santafé (Monaguillos). Entre el fútbol y el taller fue interesándose cada vez menos por el primero y cada vez más por aprender sobre el funcionamiento de los motores. Pero fue la educación pública la que finalmente marcó el sendero que habría de seguir en su vida adulta y profesional.
Su ingreso como estudiante a la Universidad Nacional fue el punto de inflexión de su vida. Allí conoció maestros que potenciaron sus envidiables capacidades para las matemáticas y que lo formaron como lo que ha sido: un gran matemático y un excelente profesor; con una virtud adicional, difícil de encontrar en los matemáticos o en los físicos o químicos teóricos, es también un buen mecánico.
A Pacho Caicedo se le reconoce su actitud solidaria, honesta y generosa; y de sus habilidades hemos sido beneficiarios como estudiantes y como colegas, unas veces nos ha desvarado en el carro y otras en el libro de ejercicios de análisis matemático o de álgebra abstracta.
Aun cuando es un hombre de pocas palabras, frente a sus alumnos genera un entusiasmo contagioso por los temas que expone. Es un maestro y no un simple transmisor de conocimiento, que dedica y sacrifica todo el tiempo que sea necesario para que sus estudiantes comprendan a cabalidad los temas más arduos de la disciplina. No acepta excusas tales como la falta de recursos para las fotocopias o el libro, y es frecuente que pague de su bolsillo lo que el alumno necesite. Para él, como lo hemos reconocido, el ejemplo no es una forma más de enseñar, sino la única manera.
Fue el primer doctor en matemáticas graduado en Colombia y su vocación investigativa, desarrollada especialmente en la Universidad Nacional, ha sido ampliamente demostrada en la gran cantidad de artículos y libros publicados bajo su autoría, así como en el fructífero desarrollo de cursos, ponencias y en la dirección de tesis de maestría y doctorado, cuyo gran número ni él mismo recuerda. Su austeridad contrasta con su riqueza intelectual, la cual exhibe siempre con extraordinaria humildad.
Las investigaciones de los últimos años le han permitido identificar un puente entre el clásico sentido matemático y el moderno que usa herramientas avanzadas. Así, hoy en día, se esfuerza porque sus estudiantes se familiaricen con el lenguaje moderno del cálculo avanzado y el análisis no lineal, sin perder la mística e intuición de la matemática clásica.
Pacho Caicedo ha sido un importante motor para las matemáticas universitarias en Colombia. Desde los años 70 ha participado en la formación de profesores universitarios en todas las ciudades a las que la Universidad Nacional ha llevado los programas de Maestría o Especialización, tales como Medellín, Pereira, Neiva, Barranquilla, Tunja, Florencia, entre otras, y por lo tanto la influencia de su docencia en Colombia es también enorme.
Actualmente prepara, de cuenta propia, su activa participación en la apertura del Programa de Doctorado en Matemáticas en la Sede Manizales de la Universidad Nacional, pues profesores como él no aceptan el retiro forzoso y quienes le conocemos sabemos que Pacho vive las matemáticas diariamente con sus estudiantes, como si se tratase de una medicina adictiva. Las normas le podrán sacar de la nómina, pero no le prohíben que continúe investigando, enseñando y nutriendo mentes brillantes que se formarán, como él, en la Universidad Nacional, patrimonio de todos los colombianos.
* Rector, Universidad Nacional de Colombia
@MantillaIgnacio