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El riesgo de que el Plan Nacional de Desarrollo (PND) deje sin protección a los páramos, las marchas de los desengañados estudiantes de colegio en EE. UU. y en Europa en las que claman por una acción radical para detener el cambio climático, y el peligroso circo de nuestra frontera con Venezuela parecen noticias aisladas en el agotador torrente de información de estas semanas.
Pero la génesis de estos eventos es la misma: el obsoleto sistema capitalista neoliberal, cuyo motor hoy son los combustibles fósiles, dando sus penúltimos y exasperados zarpazos de animal monstruoso en vías de extinción.
El caso de los páramos se resume así: el Gobierno de Duque en su PND deroga expresamente el artículo 183 del PND anterior –trabajado con sudor y lágrimas por el Instituto Von Humboldt– que prohíbe en los páramos las actividades “agropecuarias, de exploración o explotación de recursos naturales no renovables y construcción de refinerías de hidrocarburos”. La revista ambiental Catorce6 prende las alarmas, la Contraloría se pilla el mico suelto y el ministro de Ambiente, que concertó que se eliminara por ser en apariencia clara la ley que protege estos ecosistemas, responde que para estar seguro le pedirá al Congreso que no lo derogue. Pero se corre el peligro de que, en el Gobierno y el Congreso, en donde las multinacionales de la energía sucia hacen lobbies pesados, el mico quede vivo; los páramos, muertos y los colombianos, sin agua de beber (hay más de 46 municipios en emergencia por sequía).
El asunto de las marchas de impúberes furiosos por el planeta amenazado lo resume mejor un periodista inglés que condensa ese sentimiento juvenil: “El mundo se ha visto envuelto en el caos climático, causado por las compañías de combustibles fósiles, los multimillonarios que se benefician de ellos y los políticos a los que han sobornado. Pero nosotros, los jóvenes héroes, enfrentaremos a estos oligarcas, usando nuestra autoridad moral para crear un movimiento tan grande y políticamente tan peligroso, que nuestros gobiernos se vean obligados a clausurar la economía fósil y restaurar las condiciones benignas en las que los humanos y otras especies puedan prosperar”. Hablan los herederos de este maltrecho planeta que dejamos, nuestros hijos y nietos y lo repite Ban Ki-moon hace dos días en The Guardian.
En cuanto al vano Show de la Frontera, que en el momento de escribir esta columna va en T1:E3 del guion que míster Trump le impuso al sumiso y algo abyecto presidente de Colombia en su visita –y cuyo desenlace aún no conocemos, aunque rogamos que no sea una guerra–, también tiene al petróleo como carburante fundamental de este proceso. El petróleo como factor de corrupción, como botín de una invasión, como la madre espuria de los plásticos que ahogan esta nave intergaláctica; el petróleo y sus vástagos como causantes de las crisis ambientales de las ciudades del planeta y de los gases de efecto invernadero que derriten los polos. Habiendo energías limpias y sencillas… ¿Hasta cuándo reinarán este emperador viscoso y sus mucamos, si ya se acaba el tiempo y hay urgencia?