Wajiira, nuevos vientos

Ignacio Zuleta Ll.
13 de noviembre de 2018 – 12:00 a. m.

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Una de las mejores sorpresas que hemos encontrado en estos días de pesimismo climático es el informe titulado El viento del este llega con otras revoluciones, publicado hace unos días por el Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz, Indepaz, como parte de sus diálogos en La Guajira.

El dios viento es el protagonista de este informe sustancioso y esperanzador. El autor principal, Camilo González Posso, presidente de Indepaz, nos descubre desde la mirada de un verdadero desarrollo el potencial de la energía eólica en La Guajira, sus avances, sus errores, sus leyes y, sobre todo, el papel de las comunidades wayuu en este proceso de creación de energías limpias.

El viento, ese “aire siempre de viaje” del que hablaba Octavio Paz, ha sido una fuerza de la naturaleza poco a poco domesticada desde la Persia medieval: ha movido molinos de cereales, ha producido aceites, ha derrotado a Don Quijote, ha sacado agua de los pozos profundos de la tierra, y ahora, con la más reciente invención de la turbina de viento, se ha convertido en una energía amigable y renovable de enorme crecimiento.

Si el promedio anual de la velocidad del viento para ser convertido en energía confiable debe ser de cuando menos un 21 %, en La Guajira, el viento que sopla desde el este es del 47 %. Un tesoro, de cuya explotación silenciosa como negocio nacional y multinacional se sabe poco.

El documento, precisamente, descubre y analiza la situación. Permitan los lectores que —mientras los interesados visitan la página y se ilustran— cite textualmente algunas de las observaciones y conclusiones de Indepaz para hacernos una idea: l. La primera es: “se está transformado La Guajira en la primera potencia de energía eólica de Colombia con proyectos que en la próxima década pueden llegar a producir el 20 % de toda la energía eléctrica que demanda el país”, y explica que para el 2031 habría en el territorio wayuu de la Media y la Alta Guajira, 2.200 molinos de viento, turbinas eficientes, “un proyecto gigantesco que en energía producida equivale a la construcción de dos represas del tamaño de Hidroituango, con una inversión mucho más eficiente”, y, añadimos, sin los desastres que ya hemos vivido en alma propia.

Claro, ya hay siete multinacionales en territorio wayuu, pues estas “oportunidades de inversión” se alinean con los imperativos de crear energías limpias y con los compromisos internacionales adquiridos. El informe alerta que “todo está ocurriendo en forma tan vertiginosa y compartimentada que no lo sabe el país en su verdadera dimensión y, lo más sorprendente, tampoco tienen conocimiento informado las comunidades indígenas dueñas del Resguardo de la Alta Guajira y ni siquiera las comunidades del área inmediata de los parques (eólicos)… Cada comunidad que pacta aislada con el inversionista que desarrolla el parque en su territorio pasa a comportarse como propietario privado y se desdibuja al extremo la relación de pueblo entre comunidades en un proceso de occidentalización individual”. Sería triste.

De igual modo se aconseja hacer una revisión profunda de la legislación para que la comunidad dueña del territorio ancestral sea la verdadera administradora y beneficiaria de estos vientos. Por el momento, el Modelo Jipirache de EPM (con cuyas siglas me abstengo de jugar) ha sido catalogado como un desastre. Pero existen otros modelos, y los mismos wayuu deben pensarlos, para sacarle provecho a esta oportunidad. Ojalá aprovechemos el estudio.

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