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EN ESTA OCASIÓN, CEDO EL ESPACIO de la columna a líderes de la Organización Nacional Indígena de Colombia, ONIC:
“El presidente Uribe descarga la responsabilidad de las acciones bélicas contra los indígenas en un individuo, cuando es de toda la institución. Quiere centrar la atención sólo en el Cauca, cuando el problema es nacional: la vulneración de nuestros derechos reconocidos en la Constitución de 1991, el desconocimiento de los tratados internacionales ratificados por Colombia, como el Convenio 169 de la OIT, el incumplimiento reiterado del Gobierno de acuerdos con los pueblos indígenas en todo el país.
Hemos tenido que afrontar desde la llegada de los europeos las arremetidas de exterminio. Hoy, después de 516 años, estamos viviendo una gran crisis humanitaria: 1.256 indígenas asesinados y más de 53.000 desplazados en los últimos seis años. Hoy tenemos 445.084 indígenas que no poseen un territorio colectivo reconocido y por esta razón muchos están desplazados a las ciudades fuera de sus territorios. Esta situación ha generado que en el momento existan 18 pueblos en eminente riesgo, 12 con menos de 100 miembros y los otros con menos de 500. A eso se suman los 3’500.000 colombianos despojados de 6’500.000 hectáreas de tierras, que el Estatuto de Desarrollo Rural, recientemente aprobado, no permitirá recuperar. Esas tierras serán legalizadas a nombre de testaferros y grandes empresas.
Además, no podemos olvidar a las miles de víctimas de los crímenes de Estado que hoy exigen verdad, justicia y reparación integral, y que el actual gobierno se niega a reconocer. Tampoco podemos olvidar a los trabajadores que, como los cañeros, reclaman justamente sus derechos laborales. Por ellos también seguiremos caminando y reclamando el cumplimiento de sus demandas y rechazando cualquier política que atente y vulnere los derechos alcanzados por los sectores populares. Marchamos contra el TLC que pone en venta nuestros territorios y los recursos que contienen.
Le decimos al señor Presidente que respete. Nosotros no somos ningunos terroristas; siempre hemos expresado claramente lo que nos perjudica, y nuestras acciones las realizamos sin taparnos la cara y de frente al país. Tampoco hemos torturado a nadie, como sí lo han hecho las fuerzas militares, policiales y de inteligencia en hechos que han sido demostrados en varias ocasiones ante las cortes nacionales e internacionales.
Nuestras palabras y acciones son claras y no tienen ninguna postura guerrillera ni terrorista, y se basan en el respeto de los derechos de todos los seres humanos. Nuestra posición ha sido clara frente a los actores armados: les hemos dicho que no queremos sus actuaciones en nuestros territorios, como no queremos que nos inmiscuyan en políticas como el Plan Colombia o cualquier otra iniciativa guerrerista y militar. Esas políticas han dejado sólo muerte, y daños a nuestra madre naturaleza y a nuestros principios espirituales y sagrados.
Seguiremos pensando en la posibilidad del diálogo. No sabemos a qué le tiene miedo el señor Presidente, pues nosotros los indígenas estamos armados solamente del bastón de autoridad, de los poporos, de nuestras plantas sagradas, de la buena palabra. Acompañados por sectores que exigen el mismo respeto por sus derechos, de los espíritus de nuestras Madres y Padres espirituales y de los espíritus de los indígenas asesinados por defender a nuestra Madre Tierra”.