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Carlos Bilardo acostumbra decir que un técnico de fútbol se conoce en la manera en que su equipo retrocede. Allí, en esos movimientos de compactarse, hacerse corto, cerrar espacios, generar relevos, ralentizar el juego con falta menor si es necesario, en lo que se denomina la transición de ataque a defensa, se les nota la mano a los auténticos técnicos de fútbol. Quien no se sabe replegar, está liquidado en el fútbol.
Lo que le sucedió a Millonarios en Cali se veía venir desde el segundo tiempo contra Tuluá, en Bogotá. En la inicial una tromba, en el complemento fue una risa y si Tuluá tan solo le hizo uno fue por mala definición, pero ese día quedó patentado que los movimientos defensivos de Millonarios eran de llorar. Nada de nada, retroceden horrible, defensas lentos y pesados que juegan en línea, no hay filtro en la mitad, equipo desequilibrado, sin argumentos tácticos, sin relevos ni cierre de espacios, sin nada.
El llamado de atención siguió contra Equidad, con un equipo mixto, les hicieron tres y las mismas falencias defensivas. Tolima le ganó con un penalti dudoso, pero obligó muchas veces a Vikonis, clara muestra de un mal trabajo en defensa, y el Cali lo puso en su sitio.
A los hinchas de Millos en general les parece buen jugador Román Torres. Respetando opiniones, Torres es el peor defensa que tiene el campeonato. Es lento, pesado, torpe, se cree líder y es desordenado, salta muy mal y en la goleada del Cali está seriamente comprometido en tres de los cinco goles.
El primer paso para arreglar la defensa azul es mandar al sitio ideal a Román: la tribuna. Y el segundo, jugando de visitante o jugando contra un equipo que no sea un colerillo del torneo, es meter un volante de marca que ayude a Fabián. Silva no es volante de marca, es un volante mixto y a partir de ahí arrancan los problemas, porque nadie quita en el medio.
A Millonarios lo golearon Santa Fe, Nacional, Cali, Equidad. Lunari tiene un rendimiento como visitante inferior al 20%, su equipo juega muy mal en defensa, no hay trabajo táctico, no se nota la mano de un adiestrador, los cambios son repetidos y cuando el tema se pone difícil, el técnico no muestra argumento alguno para intentar remediar las crisis.
Los directivos le contrataron un equipo a Lunari y éste ha mostrado que es incapaz de manejarlo. Está absolutamente perdido y demostrando lo que todos pensábamos desde diciembre: un ídolo de la hinchada no necesariamente es un buen técnico de fútbol.
Que no los coja el día para tomar decisiones. ¡El 5-1 es un resultado sacatécnico!