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Claro que sí, claro que es aterradora la idea de subir a punta de pupitrazo a dos de los equipos de ciudades tradicionales en el fútbol colombiano, inventándose un torneo entre ellos para darles cabida a la categoría A a dos de los que ahora están en la B.
Pero, créanlo, también es aterradora la idea de seguir jugando con estos equipos de garaje que no aportan hinchas, pasión, que no aportan nada. Equipos como Uniautónoma y Fortaleza son un lastre en el torneo profesional, como lo son Equidad, Águilas Doradas y Patriotas. Entre todos no suman cinco mil personas por jornada.
Hace pocos días indicábamos en una columna que había que hacer algo, inventarse algo, poner la cabeza a funcionar para darle un giro a un campeonato que se está consumiendo en la mediocridad y en la incapacidad directiva para encontrarle soluciones a la crisis. Y ahora resulta que algunos la emprenden contra Jesurún porque el presidente de la Dimayor hace una propuesta y se le quiere crucificar por lanzar una idea. ¿Entonces qué, se sigue a la deriva, perdido el norte, sin brújula y sin esperanzas, o se intenta algo?
La idea de Jesurún merece ser debatida, es lo mínimo que se puede hacer. Sin anatemas, sin posiciones de “soy el dueño de la verdad”, estigmatizantes, como algunos, en su vano intento por hacerse famosos, pretenden. Además, porque la propuesta de Jesurún tiene de bueno y de malo, de ancho y de largo, como todas las ideas en embrión, como todos los proyectos que se pueden consolidar puliéndolos un poco.
A favor, volverle a dar, con el ingreso de dos equipos de trayectoria y de ciudades con fútbol, mayores ingresos en taquillas. Recobrar un poco la publicidad del torneo. No es lo mismo decir Pereira, Bucaramanga o Cúcuta, por poner un ejemplo contra Santa Fe; que Uniautónoma, Fortaleza, Equidad o Patriotas. Nadie garantiza que esos equipos con historia, que ahora se encuentran en la B, vayan a dejar de ser los “cirquitos” que son hoy en día, sencillamente porque volvieron a la A. La mona, aunque se vista de seda, mona se queda.
En contra, es acabar con la filosofía de la división de ascenso, porque para qué sirve jugar un torneo si al final de cuentas a los tradicionales e históricos los suben a la brava, mientras a los nuevos les hacen el feo y los bajan a pupitrazo.
Pero, por lo menos hay una idea que se puede pulir, que se puede implementar. Lo único claro es que alguien propone algo y que ellos, los dueños de los equipos, están en la obligación de decidir si les gusta intentar encontrar algo diferente o si quieren seguir por el mismo despeñadero…