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Alerta de huracán

Iván Mejía Álvarez
08 de septiembre de 2008 – 08:28 p. m.

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Se volvió a jugar mal y la gran diferencia estuvo en que para esta ocasión no había un Rubén Bustos que con un tiro libre sacara las castañas del fuego. Se jugó tan mal como se había hecho ante Venezuela, Argentina, Brasil, Perú y Ecuador, como se ha actuado en toda la eliminatoria donde el caudal de puntos es muy superior al volumen de fútbol.

Para decirlo de otra forma, se han logrado demasiados puntos para tan poco juego .El equipo se mantenía invicto, pero en la cabeza de todos siempre estuvo latente que la producción en el campo dejaba mucho que desear, que la creación seguía siendo un gravísimo problema y peor aún la definición.

Una vez más los delanteros, en especial Rodallega, perdieron al no definir con criterio lo poquito que le llegó limpio para gol.

Volvieron a fracasar los creativos, en especial Giovanni Hernández, a quien le tiraron la camiseta de titular y le dieron un largo recorrido en el campo. Su respuesta, una vez más, fue un inicio interesante, dos o tres maniobras que presagiaban algo grande y una desaparición absoluta de sesenta minutos. Y de Macnelly ni hablar. Continuó la mala racha que tiene en el Colo Colo, donde se preguntan quién fue el genio que pagó dos millones de dólares por sus servicios. Dirigentes “cometeros” y negocios “torcidos” existen en todas partes.

También fracasaron los que debían abrir la cancha por las bandas. Zúñiga no tenía aire, arrestos físicos y jamás ganó en el duelo personal frente a Fucille. Y Fabián Vargas jugó muy enredado y sin claridad alguna. Conclusión: liquidados los armadores y cercenados quienes debían hacer juego por los costados, esa pelota no llegó nunca clara a los de arriba.

Vienen Chile de visitante y Paraguay, el gran líder de la eliminatoria y el mejor equipo del momento en América, para cerrar la andadura de la primera vuelta. De los últimos nueve puntos se han hecho tan sólo dos y la inquietud ronda en torno al futuro del cuerpo técnico y del equipo. Los que quieren “colocar” otro técnico arrecian en sus críticas y el rumor empieza a crecer.

Pinto debe revisar muchas cosas y la primera es la concentración en Rionegro, lugar bonito, paradisiaco, pero donde llueve y llueve y no hay facilidades para entrenar. Los jugadores confiesan que llegaron reventados por un pésimo trabajo previo al partido. Pinto no tiene la culpa de que llueva, pero sí del lugar elegido para trabajar.

La selección se metió en el ojo de la tormenta y sólo ella, jugadores y técnico, pueden salir del tremendo huracán que se ve venir si se continúa jugando tan mal.

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