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Alguien escribió en España que la Fifa parecía una «siniestra organización criminal». Y otro dijo que el congreso mundial de la entidad en Zúrich fue la reunión de Alí Babá y sus amigos.
Y otros escribieron sobre la Cueva de Rolando. En ninguna, léase muy bien, en ninguna crónica se habló de transparencia, honestidad, rectitud; por el contrario, ellos mismos con sus mutuas acusaciones se encargaron de ofrecer la peor imagen que jamás se haya brindado de la rectora del fútbol mundial y de su dirigencia.
Las acusaciones nacieron en Inglaterra, la cuna del fútbol, y fueron emitidas nada menos que por la BBC, ejemplo de periodismo serio, ese que investiga y llega al fondo de las cosas, no el que algunos hacen chupándole zapatos y otras cosas al dirigente de turno. La estatal británica comprobó que la designación de las sedes de los mundiales de 2018 y 2022, Rusia y Qatar, fueron una feria del soborno y la coima. Inclusive, uno de los “capos” de la Fifa, el expresidente de la Concacaf, el tenebroso Jack Warner —estuvo hace poco por acá, vaya personajito— afirmó que Blatter debería estar detenido tras confesar que había recibido un millón de dólares por el voto a favor de los árabes. Ese es tan sólo un episodio, uno de los múltiples que se conocieron previos al congreso de Fifa.
La reelección mayoritaria de Blatter tras inhabilitar al oponente catarí sólo demuestra el grado de impunidad y la pestilencia que se vive en la FIFA. Ni una propuesta de limpieza, ni un llamado de atención sobre los vergonzosos episodios denunciados. Como si nada hubiera pasado, como si todo fuera limpio y transparente, Blatter y sus compinches suramericanos, Grondona, Leoz y Texeira montaron guardia para que nada cambiara, para que el negocio siguiera igual.
El ‘Vito Corleone’ suramericano, “don” Julio Grondona, hasta tuvo el cinismo de enfadarse por las acusaciones y en su destemplada y grotesca respuesta habló de limpieza y honestidad. Las cosas que hay que oír y leer de tanto baboso putrefacto.
Sí, el espectáculo fue lamentable, denigrante, pero no es extraño. Blatter es el “taita de los bandis” y la Fifa, como alguien en España escribió, es una “siniestra organización criminal” donde habitan Alí Babá y sus amigos.