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Amor a los zurdos

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Ver jugar a los zurdos talentosos es acercarse unos metros al santo grial del fútbol.

La memoria recuerda esos maestros de la pierna izquierda que eludían rivales, pegaban remates preñados de dinamita, dibujaban fantasías con esa estilográfica que parecen llevar en la extremidad. Rivelinho, Netzer, Overath, Gerson, Alonso, para citar sólo unos cuantos, los que en este momento se asoman al balcón del recuerdo.

Hoy, en la fecha de la Copa del Mundo, la expectativa corre por cuenta de dos zurdos que reflejan el alma de sus respectivas selecciones y han demostrado que sin ellos esos equipos serían vulgares y del montón. Robben siempre ha sido especial, diferente, tiene la especial virtud de no pertenecer al coro. Con Robben las cosas nunca pasan por la normalidad, siempre está para la bueno y para lo malo, por eso el mágico zurdo es capaz de resolver solo esos partidos que parecen atascados.

Este Mundial ha sido el de Robben en una Holanda diseñada bajo moldes diferentes, compacta, rocosa, difícil de perforar, pero lejana a la fantasía y al hechizo. Cuando las cosas parecen no salir emerge su figura para galopar y sacar ventaja, como lo hizo frente a Ramos, al que ridiculizó en un sprint propio de Usain Bolt. Y es capaz también de inventar una pena máxima tras tirarse al menor contacto. Su capacidad histriónica fabricó el tanto de la victoria ante México.

Nunca antes Robben se había sentido tan solo allá arriba. No hay nadie que le lleve esa bola, no tiene socios con quien inventar una pared o una jugada colectiva. Holanda depende de Robben y su desequilibrio en largo y en corto, en el pique, el freno y el remate. Pero si se habla de la lúgubre sensación de soledad que significa estar en el campo y no tener con quien entablar una conversación alrededor de la pelota, Messi lleva la delantera. Por más que el Nene haya marcado tres goles y facilitado el tanto a Di María, que significó la victoria ante la férrea Suiza, Messi levanta la cabeza y se siente aislado y viviendo otro partido.

Eso sí, cuando a Lionel lo dejan recibir, encarar, arroparse en el talento y desarrollar la fantasía, de su botín emerge fútbol en estado puro. Messi recuerda a Maradona cuando en México-86 llevó pegada a su botín izquierdo a la Argentina al título mundial. Messi todavía no ha fabricado una obra de arte como las de Diego, pero su influencia es transcendental.

Esta columna tiene que llamarse amor a los zurdos.

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