Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Mirada futbolística y organizativa a la fiesta del Sub-20, que entra en los octavos de final.
El Mundial Sub-20, como todos los torneos Fifa, cumple perfectamente el objetivo: son muchos los invitados y pocos los elegidos. De las 24 selecciones juveniles que acudieron a la cita en canchas colombianas, tan sólo una media docena tiene realmente pergaminos y acredita condiciones para postularse al título, el 20 de agosto en Bogotá.
El Mundial va rodando perfectamente, ordenado, serio, como son generalmente los eventos organizados por la rectora del fútbol mundial. Nada que ver, por ejemplo, con la guachafita y la desprolijidad que se vio recientemente en la Copa América. Los horarios se cumplen a rajatabla, ni un minuto más ni uno menos; el volumen informativo es perfecto, la comparecencia de los protagonistas a las ruedas de prensa es impecable y no está sujeto al capricho del técnico o directivo de turno, las canchas lucen espléndidas y no hay motivo alguno para pensar en que los factores externos puedan entorpecer la marcha del torneo.
La Fifa, por ejemplo, no tuvo nada que ver con el esperpento de la inauguración en Barranquilla. Una ceremonia que dicen los que la vivieron en el Metropolitano fue muy linda y coreográfica, pero que al aire se vio deslucida, incoherente, llena de manchones, mal iluminada. Nadie responde por el fracaso pues como en el tema de la Sonora Matancera, “Tongo le dio a Borondongo… Bernabé le pegó a Muchilanga”, nadie asume sus culpas. Los de la televisión acusan a la productora y ésta se descarga en los de la cámara y así se fueron $4 mil millones en ese esperpento.
Torneo normal
A los favoritos, como siempre, les cuesta irse metiendo en el torneo. Suele suceder en mundiales y en todos los eventos, el despegue se hace difícil pero al final de cuentas siempre son los mismos invitados a las finales.
Por ejemplo, qué duro fue para Brasil el debut ante Egipto, que lo dominó y estuvo a punto de ganarle. Amarrada a un solo gol, la máquina de Ney Franco no pudo desplegar su poder y los Coutinho, Casemiro y William estuvieron al borde del precipicio. Luego, ante Austria y los aguerridos panameños, Brasil reivindicó su poder ofensivo y con una facilidad impresionante liquidó con goleadas los compromisos para quedarse en Barranquilla, la casa de la canarinha. A Brasil todavía no se le ha visto en todo su esplendor, pero cuando se sueltan a jugar tienen ese ADN que los hace inconfundibles.
Egipto, en cambio, resultó una muy agradable sorpresa, con un fútbol generoso, técnico, jugadores muy bien dotados, amigos de la pelota, organizados en el campo. A Brasil lo tuvo al borde del nocáut y a los austriacos les aplicó una goleada que les permitió terminar la serie igualados con Brasil en puntos y tan sólo perdedores del grupo porque se dejaron enredar de Panamá. El volumen ofensivo de Gaber, Ibrahim, Salah y Handy hará sufrir a los argentinos en Medellín en la próxima fase.
También Argentina padeció del síndrome inicialista durante este Mundial. Se vio lenta, pesada y sin grandes talentos, salvo Erik Lamela, un portento de jugador, en el primer partido ante México. Un solitario remate de la estrella significó la victoria, pero quedó una imagen negativa. Contra Inglaterra no encontraron la fórmula para doblegar a ese ultradefensivo cuadro y tan sólo en el último juego ante los coreanos del norte apareció el equipo en su esplendor y con tres goles rubricaron su clasificación y permanencia en Medellín. Su mayor virtud es el sólido bloque defensivo, donde Pezella, Nervo y Tragliafico lucen contundentes.
México, el segundo del grupo, irá a Pereira luego de una campaña irregular. Es de los pocos equipos que juegan con tres defensores y carrileros. A Corea la despacharon con buen fútbol, contra Argentina insinuaron mucho y concretaron poco. Y en Cartagena dilapidaron hasta un penalti contra los ingleses y se quedaron cortos en la propuesta.
La potencia ofensiva
Nigeria siempre ha sido protagonista en estas categorías. Sus jugadores tienen cara y físico de mayores y su fútbol también viste de largo. Arabia no tiene tradición, pero la influencia extranjera, técnicos y jugadores en su millonario campeonato, se nota y en este Mundial ha mostrado un magnífico equipo. Las selecciones de Nigeria y Arabia Saudita hicieron del estadio Centenario un refugio de goles y a los endebles guatemaltecos y a los rocosos y torpes croatas les han afrijolado goles al por mayor.
Muy buen equipo el nigeriano. Claro en sus movimientos, ordenado en el campo, con vocación atacante y con excelentes individualidades. Su media punta Mussa está entre los mejores jugadores del torneo. Potente, hábil y muy bien fundamentado, recuerda la época en que Nigeria ganó la final de los Juegos Olímpicos de Atlanta y presentaba futbolistas como Kanú, Amokachi y Okocha. Esta generación luce con Egbedi, Azees y Daniel, entre otros, y ya son punto de encuentro de los empresarios europeos de cara al inmediato futuro.
A la confusa España del primer partido del Mundial Sub-20 le llegó su mesías en la figura del joven Sergio Canales. Si bien es cierto ganó en el debut, el equipo que dirige Julen Lopetegui no mostró mucho talento y chispa. El promocionado Oriol Romeu, elaborado en La Massia del Barcelona, con los genes del elenco culé, vendido al Chelsea por 5 millones de euros, y Sergi Robert, otro producto de la fábrica catalana, no fueron suficientes para impulsar a Izko, Pacheco y Rodri.
Contra Ecuador apareció Canales y en media hora demostró que es el jugador especial de esta selección ibérica. España permanecerá en Manizales y se ve fuerte y sólida. Ojo con Rodrigo, su atacante en punta, tiene visión de gol y muy buen remate, es el Villa de los juveniles.
A la selección de Portugal se le ha visto poco en la justa orbital. Tiene la mala fortuna de que los partidos del grupo coinciden con los juegos de Colombia y en ese caso “gaseosa mata tinto”. Pero, Danilo, el lusitano, deja sensaciones agradables.
Factor altura
Eduardo Lara, el técnico del seleccionado anfitrión, ha encontrado en los vericuetos de la altura y en los solistas una argumentación lo suficientemente fuerte para proponer al equipo local como candidato al título final. En la parte física, el combinado colombiano arrolla en los segundos tiempos y su potencia ofensiva la conducen jugadores con muy buen pie como James Rodríguez y Michael Ortega, capaces de elaborar fútbol y confeccionar pases medidos para Luis Fernando Muriel y José Adolfo Valencia.
Sus falencias colectivas parecen nimias ante la potencia atacante; sus debilidades defensivas y de recuperación parecen pasar a un segundo termino ante el talento de sus conductores. Claro, en el aire flota esa sensación de que todo puede pasar cuando el adversario sea de mayor volumen o cuando el local salga de El Campín, donde el público ha montado una fortaleza anímica de apoyo a la tricolor.
Francia, el campeón europeo, no ha desentonado y pese a la humillante goleada ante Colombia en el inicio del Mundial, dejó latente la imagen de magníficos jugadores y de un equipo que irá a más cuando juegue en condiciones normales. El tránsito Bogotá-Cartagena será muy duro para los galos y será cuestión de observar cómo pasan de la altura a la humedad. Kakuta no ha respondido a lo anunciado, pero Griezzman, Fofana y Sunu han dejado constancia de que son jugadores de primer nivel.
Los demás son los demás
En estos torneos, donde la concurrencia es muy nutrida por cuenta de los malabares políticos del señor Blatter y su séquito de chupasangres y vividores del fútbol, llega mucha morralla, equipos sin identidad, sin fútbol, aventureros que ganaron su clasificación y se van como vinieron, sin dejar nada para el recuerdo.
El fútbol, el verdadero fútbol, arranca desde el próximo martes, cuando el mata-mata entra en juego y los equipos no pueden elucubrar, apretujarse con el cero y esperar resultados como lo hizo la selección de Inglaterra con tres empates sin goles a favor y sin goles en contra.
A la hora de proponer y salir a ganar estarán los de siempre, los que tienen ese sello de distinción y esa tradición. Por eso, son muchos los invitados a esta fiesta y pocos los elegidos. Así ha sido siempre y Colombia 2011 no será diferente.