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Un repugnante tufillo de suciedad y corrupción acompaña la designación de Rusia y Qatar como sedes de los mundiales de 2018 y 2022.
La Fifa terminó privilegiando las candidaturas de los países que más obras e infraestructura requerían para poder cumplir con el itinerario del famoso cuaderno de cargos de la rectora del fútbol. Quienes lo tenían todo y podían hacer el mundial en dos o tres meses, porque ya poseen los estadios, la hotelería y las comunicaciones, no fueron aceptados. Cosas de la vida, dicen unos; cuestiones del dinero, dicen otros; de todas formas raro e inexplicable, afirman los demás.
En la prensa se hace eco de las denuncias que incluyen el dossier de dineros entregados a dirigentes famosos por sus votaciones en un pasado. Entre los mencionados figuran algunos conocidos por estos lados. El muy tenebroso señor Warner, de la Concacaf; Issa Hayatou, la belleza del titular de la Confederación Africana, y nuestros muy “queridos y respetados” Nicolás Leoz y Ricardo Texeira.
Al yerno de Havelange, el presidente de la CBF, le siguen un juicio en Brasil por lavado de activos, tráfico de dinero y labor criminal de encubrimiento de divisas. No lo han encontrado culpable, eso es cierto, pero tampoco ha logrado demostrar su inocencia, se encuentra sub júdice y ese detalle debería bastar para apartarle de sus funciones. Imaginen, nada más y nada menos, que es el presidente del Comité Organizador del Mundial 2014.
La cruda prensa alemana calificó la designación de los árabes de Qatar con este titular: “Katarstrophe”. A nadie se le ocurre pensar que hubo motivos deportivos para seleccionar un paisito del tamaño del departamento del Atlántico, con un millón de habitantes, sin historial deportivo. Pero, así como brotan del subsuelo millones de barriles de petróleo, emanan millones de petrodólares a las cuentas bancarias suizas de quienes lo eligieron. El sindicato de banqueros suizo está de plácemes, las consignaciones en los últimos días han sido cuantiosas.
No se entiende tanta impunidad en torno a la dirigencia futbolera. Basta leer Los señores de los anillos, conocer el documento de la BBC sobre compraventa de votos, indagar sobre quienes manejan el fútbol, y el tufillo repugnante se convierte en un nauseabundo olor a corrupción que apesta.
Afortunadamente la pelota no se mancha, el fútbol sigue vivo gracias a equipos como el Barça y jugadores como Messi, Iniesta y Xavi.