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Todo depende del cristal con el que se mire. La relatividad siempre está presente cuando se analizan las situaciones del fútbol.
Por ejemplo, cómo no mantenerse alegre cuando se mira el inmenso momento de James Rodríguez, de ese gran jugador que muestra hoy el Real Madrid, que cuando llegó al elenco merengue tenía tantas virtudes como falencias y del que se ponía en duda hasta su titularidad en el equipo blanco. Hoy no sólo es dueño absoluto de su puesto, sino un pilar, un bastión, una columna fija en el onceno de Ancelotti. Y todo se lo ha ganado con trabajo, con categoría, con clase, con dedicación y paciencia, pero también con un factor fundamental: ha inspirado confianza en sus superiores y el técnico italiano apostó por él, creyó en su juego, le puso especial mimo a su evolución hasta convertirlo en ese jugador efectivo en ataque, goleador, pero también en el peón de brega cuando se requiere rearmar líneas defensivas, hacer marcas y bloques de presión para recuperar la pelota.
Cómo no sentirse halagado ante el inmenso presente de Carlos Bacca, humilde y práctico, que es el quinto goleador en la Liga de las estrellas, detrás tan sólo de Cristiano, Messi, Griezman y Neymar. Su actuación frente al Eibar, marcando dos goles, fue categórica y hoy por hoy su momento, su juego, su fútbol colectivo y su capacidad de resolución le convierten en el mejor goleador del fútbol colombiano en el exterior, puesto que sólo le pelea Jackson Martínez.
A propósito, se celebran y motivan los goles de Chá Chá Chá, su importancia en el equipo que orienta Lopetegui que le tiene tanta confianza que le hace reaparecer tras mes y medio por fuera para que se luciera ante el Bayer en el primer partido. Eso es creer en un jugador, tenerle fe, saber de lo que es capaz.
Y así, podrían celebrarse los éxitos de Carbonero en el Cesena, el presente de Izquierdo en Brujas, la continuidad de Guarín en el Inter y la de Ospina en Arsenal.
Pero, al frente, en la otra vereda, están los menos, los dolorosos, los que angustian porque la relatividad siempre está presente en el análisis. Cómo no sentirse decepcionado del presente de Falcao en el United, sometido al escarnio de jugar pocos minutos y a su mal momento futbolístico en el que no todo es atribuirble al ególatra técnico que le trata como a un principiante. ¿Y qué decir de lo que hace Mourinho con Cuadrado dándole cinco minuticos por partido?
Es la ley del fútbol y de la vida, donde unos están arriba y otros abajo.