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Bandis, ruta dos

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Desde el desayuno se sabe cómo va a ser el almuerzo es una vieja frase de los abuelos que perfectamente se le puede aplicar al nuevo comité ejecutivo de la Conmebol. Hace una semana el nuevo presidente, Alejandro Domínguez, ofreció unas declaraciones en las que se comprometió en todas las formas posibles con el discurso de transparencia, honestidad y limpieza.

En apenas siete días todas las promesas se fueron al piso. En una declaración de intenciones la Conmebol eligió como representante suramericano ante la FIFA a Luis Segura, el actual titular de la AFA, sucesor directo de Julio Grondona.

Segura es el mismo individuo que fue denunciado públicamente como un revendedor de boletas durante el Campeonato Mundial. La prensa del mundo se hizo eco de la denuncia. A Segura le incautaron mas de mil boletas y el escándalo fue grande en Argentina y en el mundo del fútbol. A pesar de todo, la muerte de don Vito le abrió camino para ser su sucesor en AFA y hoy ya es el dueño del puesto de Grondona en la FIFA. Segura peleó recientemente el puesto de presidente de la AFA con Marcelo Tinelli, un afamado periodista televisivo, y cuando se escrutaron los sufragios en una votación donde había 75 papeletas, aparecieron 76. Así se mueve Segura, así actúa, siguiendo el legado de Grondona, el del “todo pasa” en su anillo.

Esta semana el nuevo comité ejecutivo de la Conmebol apoyó y trabajó una drástica rebaja a la sanción que pesaba sobre Boca a raíz del terrible escándalo en el clásico de la Copa contra River Plate, cuando sus hinchas dispararon gas pimienta contra los jugadores riverplatenses. De ocho fechas suspendido, cuatro de local sin público y cuatro sin hinchas en estadios visitantes, se pasó a tan sólo dos, reduciendo al 75% el castigo con la peregrina disculpa de que era una amnistía por el centenario de la Conmebol. Qué disculpa más ridícula, qué falta de vergüenza para reconocer que las presiones argentinas pesaron más que todo y que Domínguez, Jesurún y los demás están ahí con compromisos.

Estimo a Ramón Jesurún y quiero mandarle un mensaje claro y directo. Don Ramón, que su mano derecha sepa lo que hace la mano izquierda para que no termine como Luchito. Está sentado en medio de bandidos y desde Domínguez, pasando por Segura, ya demostraron en una semana que el lema de la mafia sigue vivo: que todo cambie para que nada cambie.

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