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Cuando Yerry Mina se levantó impecable y se sostuvo en el aire para terminar golpeando la pelota hacia el arco senegalés, 50 millones de colombianos estuvieron en ese salto con el hijo de Guachené y terminaron conectando la bola hacia el gol que daba la clasificación a la próxima ronda. Ese gol hizo inútil el esfuerzo de los polacos venciendo a Japón, ya era suficiente y, con seis puntos, Colombia ganó en el grupo y jugará en Moscú la próxima semana. Es la tercera vez que el seleccionado nacional pasa a la siguiente ronda en su historial mundialista.
Colombia estuvo más cerca del rendimiento que tuvo frente a Japón que del partido realizado frente a Polonia. Su primera etapa debe pasar al olvido por la incoherencia en el plan táctico y la mala ejecución. No funcionó Matheus en la tarea de engarzar con los volantes, Quintero se quedó en algunas maniobras intrascendentes y Cuadrado reiteró el manual de cómo no jugar, embebido en las maniobras individuales, perdedor en los duelos, achicharrado por los doblajes de marca que le hacía Senegal, un equipo ordenado en el 4-4-2 que dejaba a Sadio Mané y a Niang para el contraataque. Cada pérdida de pelota de Cuadrado era una transición de Senegal. Y en una de esas, el pueblo colombiano elevó un nuevo santo al santoral criollo: San VAR.
James se fue y es necesario preguntar si estaba o no listo para jugar. Entró Muriel, Quintero abdicó, Falcao luchaba en vano y tuvo que venir en apoyo del equipo colombiano el factor emocional. A punta de ganas, con temperamento, poniendo aquello que distingue a los de raza, el equipo metió a los africanos contra su pórtico. Los africanos se lo tomaron con demasiada calma, sabedores que el empate les valía, no volvieron a visitar la defensa nacional y ya se sabe que el que juega al empate termina perdiendo.
Se celebra el amor propio, la intensidad para defender el gol de Mina, se aplaude el carácter, pero quedaron muchas puntos negativos en lo futbolístico. Equipo plano, sin opciones de anotar, con poco volumen de juego, con lagunas defensivas, donde Ospina brilló con dos grandes atajadas al final del compromiso. Colombia fue más vecino del equipo que perdió con Japón que del estelar elenco que apabulló a Polonia. Se pareció mucho más al de la eliminatoria que al del Mundial de Brasil.
De cara al siguiente partido, es necesario saber si los dolores de James son tan agudos como para que tuvieran que reemplazarlo, si realmente contra un adversario de mayor cuantía es válido poner nuevamente a Matheus.
Hoy, a celebrar, porque Yerry clasificó a Colombia. Ya habrá tiempo de buscar cómo volver a jugar bien.