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Con respeto

Iván Mejía Álvarez
16 de noviembre de 2015 – 10:52 p. m.

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Sería un grueso error creer que Argentina es un muerto en vida.

Llegan heridos, dolientes, lacerados, pero no dejan de ser el subcampeón de América y un país con rico historial, y aunque alguno dirá, en medio de ese folclor festinero de los clasiqueros que hablan y pontifican de fútbol en las calendas eliminatorias, que es obligatorio ganarle, para hacerlo se deben cumplir muchas premisas.

La primera condición es retomar el orden táctico que se mostró en Santiago. Esta vez no se encarará el juego con tres volantes de primera línea, seguramente serán dos, para enfrentar los tres volantes de marca en línea, Mascherano- Biglia-Banega, que opondrán los de Martino. No se esperan variantes tácticas en el equipo argentino por una simple razón: a Martino no le fluyen, es un técnico tan desinformado, desactualizado, que saldrá a jugar con el 4-3-3 de Asunción y Buenos Aires.

Partiendo de la premisa de tener la pelota y atacar, es necesario ensanchar el campo, abrir esos volantes por los costados con los doblajes ofensivos, para poder encontrar los espacios donde se muevan las dos puntas y James.

Cada partido es diferente y para cada partido hay jugadores. Muriel lució en gran forma en Chile, pero sus condiciones son más para contraatacar que para jugar en lo colectivo a partir de la posesión y la ruptura de líneas y creación de espacios. Por eso, la pareja Bacca-Teófilo parece inamovible por los desmarques de ruptura de Teo y la definición de Bacca.

Encontrarle un socio a James es ineludible. Entre Cardona y Macnelly, el momento del delantero paisa parece superior. Pero adelante, cerca del balcón del área, con distancia para rematar y posibilidad de pase. Nunca como volante de marca, como lo hicieron jugar en Montevideo. Macnelly es más colectivo, tiene más pase pero menos gol, y su estado físico es inferior al del exuberante Cardona que se vio en Chile.

Cuidar la pelota quieta de costado es una obligación que se ha trabajado mucho. Godín y Vidal marcaron las deficiencias colombianas en ese apartado táctico. Ospina es portero de raya, atajador. La contratáctica indica que la pelota es responsabilidad de defensores altos. Otamendi, Higuaín y Funes Mori tienen gol por la vía aérea. Están avisados.

Lo que se hizo en Chile, el gran punto, hay que refrendarlo en Barranquilla ganándole a una Argentina que llega muy lastimada pero a la que nunca conviene subestimar.

Finalmente, por favor, no vayan a entrar a la que va a proponer Argentina: raspar y pegar, el juego fuerte. Sería darles oxígeno.

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