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Cuidado, no se han ido

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Están ahí, siguen ahí, no se han ido, los vándalos y delincuentes que por un trapo sucio y viejo se meten a la cancha para agredir a los adversarios; los que sacan puñaletas, arman bombas papas; atacan, hieren y matan a un individuo que tenga un color diferente en su camiseta. Siguen vivitos y coleando.

Los ingenuos que pregonaron a finales del año pasado que las medidas gubernamentales de acabar con las mallas de protección en los estadios habían logrado lo que menos se pensaba, educar a los aficionados, darles patrones de conducta sobre lo que podían y lo que no podían hacer, ellos, los ingenuos, deben estar hoy pensativos, pues en Pereira e Ibagué volvieron los desadaptados y sinvergüenzas que por un trapo sucio y viejo quieren ir a liquidar al rival de enfrente.

Lo que sucedió en Pereira y sobre todo en Ibagué no es más que una sonora campanada de alerta y una llamada de atención: cuidado, los violentos siguen parapetados y cuando no hay eficacia policial y sensatez en tomar las medidas de control, el fútbol puede convertirse en una tragedia.

El Gobierno y en especial el ministro Vargas Lleras mostraba hace apenas ocho días una cara risueña, nada habitual en un hombre adusto y seriote, por las regulaciones vigentes que había implementado el Ejecutivo en colaboración con el Legislativo para controlar a los violentos de los estadios.

A Vargas Lleras tiene que preocuparle sobremanera que todo termine en un canto a la bandera, una ley más, y que en Pereira e Ibagué no haya un solo preso por las conductas delictivas tipificadas en los dos estadios. Y cuando agarran al delincuente de turno, no falta el juez que lo suelte a las pocas horas.

País santanderino, lleno de leyes ineficaces, donde en el papel hay regulaciones para todo pero en la practica la justicia sigue siendo para los de ruana.

La dirigencia del fútbol y las autoridades no pueden pasar de agache en estos episodios, no pueden hacerse los locos, el tema fue grave y cuando la televisión enfocó esos 300 hinchas corriendo como locos desaforados por la cancha de Ibagué, asomaron a la cabeza las imágenes de Egipto.

¿Cuántos muertos se requieren para ponerse serios y tomar correctivos desde hoy mismo con sanciones severas y duras para las plazas donde los delincuentes de los trapos siguen haciendo de las suyas?

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