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Delincuentes en acción

Iván Mejía Álvarez
14 de diciembre de 2009 – 07:50 p. m.

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Vuelve y juega, la justicia selectiva sigue de moda en el mundo del fútbol. Unos delincuentes disfrazados de hinchas agredieron el bus en el que se trasladaba el Pereira e hirieron al jugador Harnol Palacios en su rostro. Al igual que hace unos meses en Bogotá cuando algún desadaptado criminal vestido de azul y blanco envió un ladrillo a la humanidad de Juan Guillermo Domínguez, del Cali.

En los dos casos, en las dos agresiones, el partido se jugó. No importa el resultado, lo que vale es resaltar la forma en que se violan las más elementales normas de seguridad, en que los violentos triunfan y salen avante y la justicia deportiva mira hacia un lado y no toma determinaciones serias y profundas para evitar que estos desmanes se repitan.

Al Pasto prácticamente lo enviaron a la B por una agresión contra un asistente que existió, que fue real y que fue severamente castigada. A Millos y al DIM no les sucederá nada, los vándalos disfrazados con estas casacas continuarán tranquilos porque no existe intención, espíritu ni  ganas de castigar a los violentos por parte de la Dimayor.

Se fue todo el año y no se pudo efectuar la anunciada asamblea para estudiar las reformas a un código disciplinario obsoleto, ridículamente anticuado, lejano a la realidad del fútbol colombiano, a sus problemas actuales. Los dirigentes no quieren asumir responsabilidades y su visión particular deja en manos de la Fuerza Pública toda la responsabilidad de lo que sucede, adentro y afuera de la cancha. No hay peor ciego que el que no quiere ver.

Para la dirigencia del fútbol, las normas y las leyes están para quebrantarlas. Les obligan, como a todos los colombianos, a recaudar las retenciones y entregarlas a la DIAN. Pues no, estos delincuentes de cuello blanco se quedan con la plata del Gobierno y pagan cuando les da la gana. Eso es un delito para cualquier ciudadano, menos para ellos que parecen vacunados para quebrantar la ley y salir indemnes hasta que alguno termine donde debería estar, con una pijama de rayas negras y blancas.

Es una obligación pagar los parafiscales y no lo hacen, deben millonadas por sus malos manejos. Los jugadores son maltratados, no les pagan, se les esconden, les burlan sus derechos a recibir unos salarios, pactados bilateralmente, y no pasa nada.

Algún día, seguiremos esperando, que los delincuentes de la calle, los vándalos disfrazados de hinchas y los de cuello y pelo blanco paguen… algún día la justicia no será selectiva sino real.

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