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El hoy y el ahora

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La primera convocatoria de Pékerman dejó contentos a muy pocos. Era difícil para el técnico argentino salir avante del compromiso que significaba nominar a unos jugadores a los que conoce poco. Con cara perdía y con sello también. Si llamaba a los de siempre, malo; y si se ponía a ‘inventar’, peor. Ese era el riesgo y se había anticipado formalmente lo que se iba a decir.

Pékerman se la jugó con la memoria táctica de los convocados por Hernán Darío Gómez desde mayo de 2010. Está claro que el técnico estuvo mirando los videos de la selección y sacó esas conclusiones: había que llamar a los que ya tenían un trabajo, una memoria, una idea de juego.

En sana lógica esa era la posición más correcta; sin embargo, son tantas las observaciones sobre el “hoy y el ahora” de los llamados, que al final el técnico puede correr el gran riesgo de un papelón que merme absolutamente la credibilidad de su proyecto de cara a los partidos de junio ante Perú y Ecuador.

Yepes lleva tiempo sin jugar, Amaranto entra a momenticos, Zapata está relegado, Aquivaldo anda regularete en México. Esos son los centrales. Los marcadores de punta, Armero y Zúñiga, juegan de volantes carrileros, inclusive con el perfil cambiado como el del Nápoles. El joven Espinosa juega en un equipo que colinda con el fondo de la tabla, pero es interesante que se le haya acercado para saber si tiene o no nivel de selección.

La convocatoria más criticada es la de Dayro Moreno, un buen jugador cuando está en condiciones físicas y en ritmo, algo totalmente opuesto a lo que muestra hoy, cuando ha jugado circunstancialmente durante los últimos cuatro meses y con problemas disciplinarios de manejo y de conducta que no acreditan un premio como llegar a la selección. Tampoco es válido el presente de Giovanni Moreno. Después de su lesión nunca ha podido jugar bien, se equivoca demasiado y tan sólo la cercanía de Pékerman con los de Racing amerita su llamado.

Los de acá, los del torneo local, fueron ignorados. No han hecho méritos, excepto Dorlan Pabón.

El silencio —prudencia, dirán algunos— con que se ha manejado el técnico de la selección es respetable. Empero, sería bueno saber qué piensa, qué opina, cómo quiere jugar, cuál es su visión, para dónde va. Dice uno —dice nada más—: sería bueno saber algo más del técnico y su trabajo, algo diferente a la marca del bus en que se transportarán él y su tropa de ayudantes.

Con el sospechoso silencio de Bedoya para todo, con su falta de carácter para tomar el toro por donde sabemos, es suficiente.

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