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En Santa Fe pasan cosas extrañas y generalmente suceden a pocos días de los inicios de un torneo. Hace un poco más de seis meses, el técnico Israel amaneció un día diciendo que lo habían amenazado y se marchó por la noche en forma curiosa y extraña. Aunque hay pistas evidentes de dónde y cómo surgió la versión, todo quedó allí.
Ahora resulta que a 10 días del inicio del torneo, el presidente Armando Farfán se levanta un día, convoca a la prensa, anuncia que se retira porque “me ha ido bien, he hecho las cosas bien, entrego un equipo con un título en la Copa Colombia y queda listo para ser campeón”. Así de fácil, de sencillo, dice que se va porque le ha ido bien.
Como argumento para marcharse es extraño y sólo sirve para tapar la verdadera razón de la marcha de Farfán, cansado de aguantar la leonera de la junta directiva, donde cada reunión es un bochinche por los crudos enfrentamientos y las radicales posiciones entre algunos de sus miembros. Aunque Farfán lo niegue, su distanciamiento con el vicepresidente Hugo Prieto es total y el presidente se aburrió de ser el “alcalde de la ciudad de hierro”, el que pone la cara, mientras que el manejo de jugadores y técnico lo llevan Prieto y el DT González, del riñón de Prieto. Farfán la veía pasar por encima, como en esos equipos donde la bola viaja de defensa al ataque, sin poder intervenir.
Esa es una causa de las verdaderas razones que llevan a Farfán a renunciar. Con su acelerada decisión, el presidente metió a los rojos en un problema porque ahora siendo cuatro integrantes en el Comité Ejecutivo y estando divididos en dos grupos, no se pueden tomar decisiones mayoritarias, a menos que uno de los dos integrantes de la oposición, Juan Andrés Carreño o Édgar Plazas, dé su brazo a torcer en la pugna interna.
El tema es que Prieto se aceleró y en una decisión equivocada anunció a César Pastrana como nuevo presidente, sin tener en cuenta que esa es una determinación colegiada y que su voto vale sólo uno, igual que el de Carreño, Plazas, Farfán o Mora. Seguramente Prieto se siente Florentino Pérez o Berlusconi y se cree el dueño del equipo, cuando sólo es un emisario de los verdaderos dueños.
Pastrana hizo una magnífica gestión en la Liga de Bogotá y es un santafereño integral, sería un buen dirigente porque conoce el fútbol desde abajo y es buen administrador, como lo ha demostrado en sus negocios particulares. Pero, por muy bueno que sea, Prieto no puede salir a nombrarlo a dedo, sin contar con el resto de la junta.
Si Pastrana logra resolver el entuerto y es nombrado presidente, tiene que saber, bien claro, que el que manda es Prieto. ¿Será que César Pastrana llega a hacer el papel de Farfán? Conociéndolo, se vislumbran muchos problemas allá adentro.