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Poco a poco, como corresponde, como tiene que ser, Falcao va volviendo al fútbol competitivo tras la gravísima lesión que sufrió en enero.
El sábado estuvo en campo durante 20 minutos y el domingo jugó como titular y marcó un gol en el juego frente al Arsenal con un impecable remate de cabeza al mejor estilo Radamel.
Quedan muchas lecciones en su retorno a los gramados. La primera y más importante es acabar con tanto culebrero que vaticinaba regresos antes de tiempo. Que quede bien claro, a Colombia le alimentaron una esperanza de que Falcao estaría listo para el Mundial y eso en la ciencia médica no era posible. Los médicos locales, veteranos de mil rodillas y mil operaciones, fueron claros y contundentes. Son seis meses y no hay posibilidades antes, no se dejen engañar. Y muchos se amangualaron por razones estrictamente comerciales para mentirle a la ilusionada afición que no sabe de lesiones, ligamentos cruzados y rodillas, indicándole que Radamel estaría listo para el Mundial, cuando los plazos no daban, no cuadraban.
Esos inventos de placentas de yegua, veterinas, menjurjes y experimentos científicos no existen; desgarros son 25 días y ligamentos son 180, como mínimo. Así pues, el primer culpable en alimentar esa esperanza, el médico portugués Noronha, quien lo operó, también es cómplice de la mentira comercial que se le vendió a la gente para tapar las campañas comerciales de Radamel Falcao García y que no podían suspenderse antes del Mundial porque daban pérdidas para muchas empresas y para la misma federación.
Radamel es un hombre serio, correcto, bienintencionado, y además ha dado permanentes muestras de que no vende ilusiones ni se deja llevar del tren de la especulación. Ahora, cuando su apoderado, el Tiburón Jorge Méndez, quiere fabricarle un lugar en el Real Madrid, el mismo Falcao se ha encargado de poner las cosas en su sitio: acá estoy bien, tengo un contrato por cumplir, quiero recuperarme y después pensar en alguna alternativa.
Sabia decisión. Si algún club le brinda la posibilidad de tener continuidad y respeto absoluto a sus valores y su juego, ese es el Mónaco, y así lo entiende el samario que sabe y entiende que ya volvió pero todavía falta mucho camino para volver a ser uno de los “grandes” del fútbol, como lo era antes del Mundial.
Como dicen los italianos: pasito a pasito se va lejos…