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Emocionante final

Iván Mejía Álvarez
21 de noviembre de 2011 – 04:30 p. m.

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Más allá de las canchas inundadas y de algunas acciones al filo de la barbarie, la jornada del fin de semana dejó partidos entretenidos en su desarrollo, jugados con ardentía y profesionalismo, algunos buenos goles y esa sensación ya muy conocida de un campeonato donde puede pasar cualquier cosa, donde puede ganar cualquiera y no hay un equipo absolutamente superior.

Anda bien Millonarios. Desde aquel título en la Copa Postobón, los azules bogotanos tomaron aire, se ven tranquilos y conocedores de lo que tienen que hacer. Su arquero y la pareja central trabajan armónicamente, cuesta llegarles y en los últimos lances ha subido el nivel de los laterales Ochoa y Martínez. Mientras Ortiz corre y marca, Robayo se desprende y llega, Máyer maneja con sapiencia los ritmos de ataque y alimenta a Toloza, veloz y profundo, y al chico Moreno, quien se inventó un golazo frente al América. Desde que llegó Páez, este es el mejor momento colectivo de Millonarios, que aprendió bien a cerrar los partidos.

Que el América vaya a jugar la promoción no puede extrañar a nadie. Es el corolario de una debacle anunciada, el fruto de lo que se ha hecho mal, empezando por la sacada de Álvaro Aponte, los problemas internos, las promesas incumplidas, el tener que subsistir con ese pesado lastre de la Lista Clinton encima de los hombros. El América se parece el señor de la emulsión de Scott cargando ese bacalao que le dobla las espaldas. Mucha gracia es que el Imperio no lo haya podido eliminar como es su deseo. Su hinchada se alcanzó a ilusionar con una campañita corta que le excluyó de la lucha por el descenso directo, pero ellos también sabían que de la mano del españolete y con los viejitos queridos —ellos aman la institución, pero ya no tienen cómo sacarla adelante— este seria su final. Ahora a prepararse para no irse a la B.

Fernando Castro ha dicho que en Armenia está seguro de conseguir la clasificación para este Quindío aguerrido que juega rápido, directo, que va al corazón enemigo con una velocidad de crucero diferente. Es un mal visitante, pero en su casa el elenco cuyabro se hace fuerte y tiene tres o cuatro muchachos bien interesantes. Todos de Ángel, listos para ser vendidos y engrosar su frondosa billetera, que don Hernando tiene claro que con el equipo de Armenia no hay sentimientos de pertenencia, tan sólo de negocio particular.

A Cali le faltó potencia ofensiva para rematar el trabajo de posesión, mientras que Santa Fe careció de ambición pero le sobró orden defensivo. Nacional depende demasiado de los latigazos del egoísta Dorlan y tiene comprometido su ingreso a las finales.

Restan dos jornadas para aclarar el panorama, pero el tema esta bueno, emotivo, y al final de cuentas es lo que tenemos. Y el que no tiene más…

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