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Están conspirando

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Siguen trabajando en la sombra para un campeonato con 24 equipos. Siguen hablando de nombrarle una junta directiva a la Dimayor, convirtiendo al presidente en un “monigote”. Siguen intrigando por los derechos de televisión especiales para ocho equipos. Y también siguen hablando de una superliga de esos ocho clubes que se sienten de mejor familia.

Hacía rato no se veía un clima tan enrarecido en el fútbol colombiano. Nadie lo dice en voz alta, pero se comenta, se manejan esos temas como cuando se intenta ir creando una corriente propicia. Algunos dirigentes están “ambientando” sus deseos de cambio y los comentan al uno y al otro.

Asombra que, tras la mala experiencia que se vive en el actual torneo con los 20 clubes —mínimo sobran cuatro equipos de garaje—, se siga insistiendo en la necesidad de subir a América, Pereira, Cúcuta, Real Cartagena, Quindío y Unión a la brava, por imposición, a pupitrazo limpio, ante la manifiesta incapacidad deportiva para conseguir el cometido. Algunos dirigentes hablan de un torneo con dos grupos de doce equipos cada uno, como fórmula para conseguir el regreso de los hijos pródigos que se quedaron en la penumbra de la B. Como si la nefasta experiencia del torneo con 30 equipos en Argentina no les sirviera de experiencia. No, ellos quieren vivir ese adefesio y lo están promoviendo.

El tema más grave es el de la junta directiva para la Dimayor. Que cinco dirigentes se encarguen de manejar la entidad es absurdo. Primero, la Dimayor tiene un presidente bien remunerado, de tiempo completo. A Perdomo, como antes a Jesurún, lo nombraron para eso, para mandar, ordenar la casa, ejecutar lo que determine la asamblea. Entonces no se entiende cuál es la necesidad de darle un golpe de estado a Perdomo con el embeleco de una junta directiva. Convertir al presidente en un mandadero de los cinco dirigentes que lleguen a la junta directiva es tan grave que se perderían los caminos, las decisiones serían tardías, muchas de ellas irían en contravía de los estatutos. Se imaginan ustedes, por ejemplo, a Medellín en la junta pudiendo impedir que Nacional adelante o aplace partidos. Es sólo un ejemplo.

Hablemos claro: si no están contentos con Perdomo, en la asamblea tienen el camino para cambiarlo, es la determinación de los dueños. Pero pagarle una millonada para manejarlo como un “monigote” es ofensivo e irrespetuoso.

Señor Perdomo, están conspirando, las aguas están revueltas y es mejor que usted se ponga serio y tome el toro por los cuernos antes de que termine en el asfalto.

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