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Fe y equilibrio

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En los antiguos vestuarios ingleses se repetía hasta la saciedad la frase “Don’t change a winning team”: equipo ganador no se cambia. Los años han terminado por matizar la expresión y cada vez es más frecuente el sentimiento de los técnicos de airear y remodelar las formaciones teniendo como fundamento las características del adversario.

Pékerman repetirá en un 90 % la formación avasallante frente a Polonia, pero seguramente tendrá que hornear un nuevo plan táctico, porque Senegal es diferente a Polonia, por condición solidaria y por valía individual, lo que hace presumir un funcionamiento diverso.

Carlos Sánchez volverá a la formación por dos razones: es titular indiscutido del equipo y es el hombre del riñón del técnico en lo táctico. Ninguno como él entiende la posición, los movimientos, la compenetración con los centrales. Barrios lo suplió muy bien, pero la Roca no tiene discusión. Encontrarle el acompañante es la prioridad del técnico. Con Barrios, Colombia tendrá marca interior, fogosidad, temperamento, pero carecerá del pegamento para unir líneas. Con Matheus Uribe tendrá ductibilidad, acompañamiento, salida, la posibilidad de funcionar más en sentido ofensivo. Ya dependerá del planteo del adiestrador si se pelea en el medio o se intenta jugar teniendo en cuenta que Colombia necesita ganar, que un empate es tiquete de regreso.

Senegal es molesto, incómodo, con una vocación de ataque nacida en los pies de Sadio Mané, el exquisito puntero de Liverpool que busca permanentemente a Niang en el frente del ataque. Sarr, por el costado opuesto a Mané, es otro descorchador de retaguardias. Y el volante central N’Diaye resulta tan importante como podría serlo Sánchez en Colombia.

Como buen equipo africano, Senegal es ciclotímico en su rendimiento. Puede brillar como lo hizo en el primer tiempo contra Japón y caerse en el segundo período. También está claro que los movimientos defensivos de los senegaleses no son tan mecanizados como podría esperarse, y Koulibaly, el central del Nápoles, es tan potente como Mina en el juego aéreo, pero a ratos se desacomoda con Sané.

Así como equipo ganador no se cambia, es menester reiterar que nunca dos partidos de fútbol son iguales. Lo que fue perfecto para jugarle a Polonia puede no ser válido para afrontar a Senegal, partiendo de la base de que ya los africanos referenciaron lo que produce el binomio Quintero-James y se darán la maña para intentar desconectarlos.

Es un partido mano a mano, donde los minutos correrán contra Colombia en su necesidad de ganar, donde la paciencia para elaborar el juego será fundamental. Las ráfagas de fútbol válidas contra Polonia deberán ser matizadas por volumen y continuidad hasta que caiga el gol.

Lo mejor es que Colombia depende única y exclusivamente de Colombia y que la gloria está a 90 minutos. De ellos depende.

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